Durante una ola polar, no solo
sentimos el frío: la piel también lo sufre. El rostro, las manos y los labios
son las zonas más expuestas, y por eso tienden a resecarse, enrojecerse o
agrietarse con mayor facilidad. Entender cómo responde la piel a las bajas
temperaturas es clave para prevenir molestias y evitar que se agraven problemas
dermatológicos preexistentes.
“El invierno trae consigo un
combo de factores que impactan en la salud de la piel: la vasoconstricción
disminuye el flujo de oxígeno y nutrientes, y la calefacción reseca el aire de
los ambientes, generando una pérdida de humedad en la epidermis”, explicó la
Dra. Andrea Pascual, Dermatóloga del CMC Mendoza de Boreal Salud, empresa
argentina con 25 años de trayectoria en el mercado de la salud que brinda
cobertura médica a más de 260.000 asociados en las Zonas Centro, Cuyo, Noroeste
y Litoral.
Entre las principales
consecuencias del frío extremo se encuentran la sequedad, la tirantez, el
enrojecimiento, la picazón y, en algunos casos, grietas e irritaciones. Para
prevenirlas, es recomendable incorporar los siguientes hábitos a la rutina
diaria:
1. Hidratación
por dentro y por fuera: tomar suficiente agua
durante el día y aplicar cremas hidratantes por la mañana y por la noche, e
incluso más seguido si la piel lo necesita.
2. Limpieza
suave: usar productos hipoalergénicos y evitar jabones que puedan alterar la
barrera cutánea natural.
3. Protección solar
todo el año: aunque no haya sol, los rayos UV siguen presentes y pueden dañar la
piel. Es importante usar protector incluso en invierno.
4. Labios
protegidos: al ser una de las zonas más sensibles, es fundamental hidratarlos
varias veces al día con bálsamos específicos.
5. Cuidado con
el calor directo: evitar el contacto inmediato con estufas, radiadores o duchas muy
calientes, ya que los contrastes térmicos pueden dañar la piel.
6. Humedad en
casa: utilizar humidificadores ayuda a mantener el ambiente equilibrado y a
prevenir la sequedad provocada por la calefacción.
Además de incorporar estos
cuidados en la rutina diaria, es importante prestar atención a las señales que
da la piel. Si aparecen grietas, enrojecimiento persistente, picazón o
descamación, lo ideal es consultar con un especialista para evitar
complicaciones o el agravamiento de afecciones preexistentes, como dermatitis o
rosácea.
La constancia es fundamental.
Así como en verano usamos protector solar casi sin pensarlo, en invierno
también deberíamos adoptar hábitos que refuercen la salud cutánea. Una piel
bien cuidada no solo luce mejor, sino que también protege mejor al cuerpo
frente a las agresiones externas.
“El frío no solo incomoda:
también puede generar consecuencias visibles y molestas si no se actúa a
tiempo. La clave está en prevenir, proteger y mantener una rutina de cuidado
constante”, concluyó la Dra. Pascual. BP
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