Entre las
interpretaciones sobre el ser humano, hay dos que parecen antagónicas. La
primera exalta la dimensión cultural hasta considerarla como contrapuesta a la
biología. La segunda se fija en la dimensión biológica hasta el punto de
minusvalorar los aspectos culturales.
Basta con
pensar en un debate sobre la dignidad del embrión humano. Uno dice que un
embrión no tiene valor mientras no sea aceptado, es decir, mientras la visión
cultural de los adultos, sobre todo de la madre, no lo perciban como hijo, como
alguien digno, como merecedor de respeto.
Otro afirma
que precisamente por ser vida ya es parte de la especie humana y, por lo tanto,
su existencia es el origen de sus derechos, simplemente porque su condición
biológica lo convierte en diferente respecto de su madre, aunque dependa
radicalmente de ella.
Entre ambas
visiones pueden encontrarse matices y posturas intermedias o cercanas a la una
o a la otra. Más allá de las diferencias, existe un dato básico que merece ser
tenido en cuenta: cada embrión humano es una nueva existencia y, por lo mismo,
suscita aceptaciones o rechazos, afecto o desinterés.
Podríamos
aplicar lo dicho sobre el embrión humano respecto de otras situaciones. ¿Es
digno un ser humano que tiene graves deficiencias mentales, o físicas, o
psicológicas? ¿La cultura promueve una igual aceptación de todos o establece
diferencias de forma que los derechos varían según las visiones ideológicas de
cada pueblo?
Es fácil
reconocer que las propuestas que exaltan la cultura y que someten el
reconocimiento de la dignidad de los seres humanos a lo que determine cada
época o cada pueblo incurrirán seguramente en injusticias, precisamente porque
clasifican a los individuos según parámetros de calidad adoptados por los
grupos como fuente del derecho.
En cambio, una
visión biológica que arranque del reconocimiento de la vida humana en el
embrión y en las siguientes etapas biológicas como fuente de la propia
dignidad, está más disponible a aceptar y defender la dignidad de todos, sean
grandes o pequeños, ricos o pobres, inteligentes o con menos coeficiente
intelectual.
El debate que
en muchos lugares existe sobre la dignidad de los embriones se explica desde la
existencia de posiciones tan diferentes, y exige ir más a fondo. ¿Por qué
motivo un ser humano tiene dignidad? ¿En qué radica su valor? ¿Cómo aplicar las
preguntas anteriores a cada etapa de la vida de un individuo, desde su
concepción hasta los momentos más cercanos a su muerte? FP
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