Existen muchas personas que no
reconocen el valor de nuestro cuerpo como algo sagrado, como parte de nuestro
propio ser, como parte de nuestra dignidad, de nuestro valor como personas
humanas.
¿Conocen a alguna persona humana sin
cuerpo humano? Se es persona por el alma humana y por el cuerpo humano. Por lo
tanto, el cuerpo es sagrado, es el medio material que Dios nos ha regalado para
poder realizar miles de obras buenas y nunca se le debe despreciar
considerándolo como un estorbo o como un objeto con el que puedo hacer lo que
se me antoja.
Como ya se habrán dado cuenta, su
cuerpo actual es muy diferente al que tenían de niños. De pronto, a los once a
doce años empezó a cambiar, interna y externamente. Los cambios externos los han
notado claramente, pero no así los internos. Es entre los doce y los dieciséis
años la etapa en donde se nota más su crecimiento, su cambio exterior desde tu
nacimiento. Es el momento en que maduran físicamente. Esto significa que al
final de esta etapa han llegado a ser, en el aspecto físico, unos hombres (o
unas mujeres) “hechos y derechos”.
En los hombres, el cambio más
notable es que aumentó su estatura y su peso; vino el rápido crecimiento de sus
huesos largos del cuerpo: un “estirón” repentino. Su voz cambió y se volvió
ronca. Se ensancharon sus hombros y se desarrollaron sus músculos. Los “niños
flacuchos” que eran hace unos años, de pronto se convirtieron en unos
“hombretones fuertes y vigorosos”, capaces de realizar los deportes más
difíciles y de llevar a cabo los trabajos más rudos. Todo su cuerpo se ha
preparado para que puedan llevar a cabo su misión como jefes futuros de una
familia, misión que requiere de mucha fuerza y mucha valentía, pues a ustedes,
hombres, les corresponderá velar porque nada falte en su familia; no sólo casa,
vestido y sustento, sino principalmente la seguridad que solo dan el amor y la
disciplina. Por todo esto, es muy importante que aprovechen todas las fuerzas
de su juventud para prepararse para ser cada uno, “el mejor de los padres”:
estudiando, haciendo deporte, trabajando, para fortalecer su cuerpo y su
espíritu.
Las mujeres tuvieron también sus
cambios, bien diferentes a los de los hombres: aumentó su estatura, mas no
tanto como la de ellos, crecieron sus pechos, sus caderas se redondearon
haciendo parecer más delgada la cintura y de pronto, las “niñas regordetas” de
hace unos años, que jugaban futbol y canicas con los niños, se convirtieron en
unas mujeres delicadas y femeninas. Con todos estos cambios físicos, su cuerpo
se ha ido preparando para la grandiosa misión de la maternidad: Dios quiso que el
cuerpo de la mujer fuera el “nido” caliente y amoroso donde recibieran de Él la
vida los nuevos seres humanos, y le dio la forma adecuada y perfecta para que
estos nuevos seres se sintieran protegidos y amados desde el momento de su
concepción.
Los cambios físicos en las mujeres
se notan por fuera y se sienten por dentro: desde que dejaron de ser niñas,
habrán notado cambios bruscos en su estado de ánimo: a veces se sienten
contentas, y hasta un poco eufóricas y de pronto, sin ninguna razón aparente,
les llegan unas ganas enormes de llorar o de enfurecerse contra todo y contra
todos, sin saber porqué. Estos cambios de humor son totalmente normales, están
causados por los cambios físicos internos que generan una serie de sustancias
llamadas hormonas. Pero no porque sean normales debemos permitirlos, haciéndole
la vida insufrible a los demás. Estos cambios de humor se pueden y se deben
controlar usando la inteligencia y la voluntad.
Como ven, los cambio en los
hombres y las mujeres en esta etapa son muy distintos, pero ambos tienen un
cambio común: De pronto, después de una época en la que se odian unos a otros,
empiezan a sentirse atraídos por las personas del sexo opuesto. Un día se dan
cuenta de que la niña que ayer les parecía chocante y aburrida, hoy es la mujer
más encantadora del mundo o que el niño que ayer era un brusco y grosero, se ha
convertido en el hombre más guapo, galante y cautivador de todo el universo.
“La sexualidad abraza todos los aspectos de la
persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma"(CIC n.2332).
Esta atracción que sienten hacia
el otro sexo, es buena y querida por Dios, (Él la planeó desde el principio),
pero es muy importante que la sepan controlar con su inteligencia y su voluntad
para reservar la entrega de su cuerpo exclusivamente a la única persona que se
lo merece y que es “aquella mujer” o “aquél hombre” que tal vez todavía no
conocen, pero que será algún día su futura esposa o esposo, con la que formarán
una familia y a la que le prometerán delante de Dios amarla y respetarla todos
los días de su vida.
Cuídense de no confundir la
atracción sexual con el amor. Esa atracción poderosa que sienten hacia el otro
sexo, puede llegar a formar parte del amor, pero no es el amor, pues el amor no
es un sentimiento ni una sensación, sino que es un acto de la voluntad.
Nunca olviden que es mucho más
hombre, mucho más valiente, mucho más digno de respeto y admiración, aquél que
es capaz de dominarse a sí mismo, reservando la entrega de su cuerpo hasta el
matrimonio, que aquél que se deja dominar por sus instintos como si fuera un
animal y no una persona creada a imagen y semejanza de Dios.
“La pureza de corazón... nos
permite considerar el cuerpo humano, el nuestro y el del prójimo, como un
templo del Espíritu Santo, una manifestación de la belleza divina" (CIC n.2519).
Tú como católico sabes que tu
cuerpo es templo de Dios y que debes respetarlo, pero te encontrarás personas
que te digan que debes disfrutar de lo agradable, huyendo de lo desagradable,
que no tienes por qué dominarte, que eres “libre” de usar tu cuerpo como
quieras, sin compromisos ni ataduras legales ni morales.
No te dejes engañar por estas
mentiras, pues acaban con la fuerza de la juventud, la debilitan y la
destruyen, convirtiendo a los que se dejan llevar, en títeres de la sensualidad
y del egoísmo.
El Papa Juan Pablo II dice en su
Carta a los Jóvenes del Mundo: “Estad
alertas contra el fraude de un mundo que quiere explotar o dirigir mal vuestra
energía y ansiosa búsqueda de felicidad y orientación".
Para recordar
* Desde la primera etapa de la
adolescencia, las diferencias físicas entre hombres y mujeres se marcan
notoriamente, porque sus cuerpos van adquiriendo características para cumplir
la misión específica, que Dios ha planeado para cada sexo.
* Tu desarrollo físico puede
afectar tu estado de ánimo, pero esto lo puedes y lo debes controlar.
* Ante las nuevas sensaciones que
tu desarrollo físico te produce, debes imponer tu inteligencia y voluntad para
encauzar todas tus energías hacia algo positivo y agradable a los ojos de Dios.
* El Papa Juan Pablo II insiste en
su Carta a los Jóvenes del Mundo: “Estad alertas contra el fraude de un mundo
que quiere explotar o dirigir mal vuestra energía y ansiosa búsqueda de
felicidad y orientación”.
* Tu madurez y grandeza como
hombre o como mujer, se demuestran en el dominio de ti mismo. CN
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