La OMS declaró al período comprendido entre 2021 y 2030 como “la década
del envejecimiento saludable”. El desafío es apuntar hacia la plenitud en
materia de salud física, psíquica, de participación social, de rendimiento
cognitivo y de afecto positivo que puedan tener las personas durante su vida
útil.
Este objetivo se impone ante una realidad imparable: más del 90% de las
naciones del mundo va a poder envejecer, ya que cuentan con una esperanza de
vida promedio mayor a los 65 años. Por lo tanto, los países deberán contar con
acciones para la ‘nueva vida’ de los individuos después de los 60 años y dejar
de equiparar a los adultos mayores como ‘la clase pasiva’ o a la vejez como
sinónimo de enfermedad, ya que esto puede llevar al edadismo, que es la
discriminación por la edad cronológica.
Desde la Facultad de Medicina de Mar del Plata (UFASTA) fundamos un
grupo para trabajar sobre el edadismo. Se denomina Madurez Activa y Saludable y
está compuesto por el Dr. Jesús Vázquez (médico clínico consultor, promotor del
tema y creador del grupo), Dr. Alejandro Cristaldi (médico clínico y profesor
de Geriatría), el Lic. Horacio Santángelo (psicólogo y docente de la
Universidad de Mar del Plata), la trabajadora social Paula Lubrano, el abogado
Humberto Echegaray y yo, que soy médico psiquiatra.
Nuestro grupo tiene como objetivo difundir cómo el edadismo afecta la
salud cognitiva y el bienestar de forma cuantificable y puede restar años de
vida. Buscamos:
- Gestar conciencia en la gente de que el edadismo puede influir en
decisiones restrictivas para los adultos mayores, afectando su calidad de vida.
- Promover acciones y políticas públicas que incluyan al adulto mayor en
la comunidad, en su mejor y más sostenida integración con ella, desde el punto
de vista social, laboral, y de acceso pleno a las actividades que la vida
moderna proporciona.
- Trabajar en la prevención de la salud física y cognitiva del adulto
mayor.
Lejos de tener un objetivo combativo, de queja, punitivo, o pretender un
rejuvenecimiento forzado de esta franja etaria, el objetivo de nuestro grupo es
visibilizar este fenómeno en la gente, y así colaborar con transformación
inclusiva y de visión activa positiva del adulto mayor.
Conceptos
básicos
* La palabra ‘ageism’ o edadismo en castellano fue acuñada en 1968 por el
gerontólogo y psiquiatra estadounidense Robert Butler, quien se basó en los
términos sexismo y racismo. El autor lo describió como “la discriminación de
las personas mayores por razones de edad cronológica”.
* La estigmatización no solo se produce fuera del
grupo, sino que también tiene lugar dentro del mismo y así se potencian sus
efectos negativos.
* Una revisión realizada por investigadores de la
Universidad de Yale en 2020 reflejó que la discriminación por edad condujo a
resultados de salud significativamente peores en el 95,5 % de los estudios y en
el 74,0 % de las 1159 asociaciones de discriminación por edad y salud
examinadas. De hecho, estudios muestran que los adultos mayores que tienen un
objetivo tras la jubilación y se encuentran motivados viven 7,5 años más. Por
ello se dice que el edadismo y sus consecuencias están asociados a mayor
mortalidad.
* El temor de las personas más jóvenes a la
discapacidad, la dependencia y la muerte son las principales causas del
edadismo. Segregar y rechazar a los mayores son mecanismos de afrontamiento que
no permiten a los más jóvenes pensar en su propia vejez y muerte.
* En el edadismo se reúnen determinadas ideas,
creencias, actitudes y prácticas basadas en los estereotipos sobre la
ancianidad, que pueden provocar discriminación y maltrato, con la consecuente
exclusión de las personas mayores. Los estereotipos representan imágenes
simplificadas sobre las personas o determinados grupos sociales, lo que lleva a
tratar al grupo como si fuera homogéneo, cuando en realidad no lo es. (Por
ejemplo, no es lo mismo una persona de 75 años que realiza actividad física que
una que no la hace).
* Los estereotipos que originan esta forma de discriminación
generan una imagen social negativa de las personas mayores. En este caso, se
asume que los adultos mayores están en un proceso de decadencia, que se
concretaría en una progresiva e irreversible reducción de sus capacidades
físicas, mentales y sociales. De esta manera, el edadismo engloba una serie de
creencias, normas y valores que pretenden justificar la discriminación de las
personas según su edad.
* Dentro de las negligencias o malos tratos a
los adultos mayores, se observan prácticas muy heterogéneas que los afectan
integralmente:
- Malos tratos psíquicos. Puede ocurrir cuando se utiliza lenguaje que
ridiculiza a los mayores de edad con términos como ‘papito’, ‘mamita’, ‘viejo’.
También cuando concurren a una consulta médica y el profesional se dirige al
acompañante más joven sin tener en cuenta al paciente en la conversación.
- Malos tratos económicos. Ellos incluyen el uso indebido e ilegal de
los recursos económicos sin su consentimiento, alegando ‘falta de autonomía’;
los engaños y las estafas, así como también la falta de empatía con los
aspectos financieros.
- Maltrato arquitectónico. Como falta de rampas u otras medidas de
accesibilidad. Para subsanarlos hay defensorías dentro de las ciudades.
* El edadismo se manifiesta de distintas
formas, entre ellas:
- Formas institucionales. Se expresan en servicios, normas y prácticas
como la jubilación obligatoria, el no tener en cuenta a las personas mayores en
los estudios de investigación clínica o en separarlas de las instituciones
exclusivamente por razones de edad.
- Formas intencionales. Pueden incluirse la publicidad y los medios de
comunicación masiva, que en general basan su accionar en los estereotipos de
las personas jóvenes, al considerar de forma errónea que el consumo es
exclusivo de dichos grupos etarios.
- Formas no intencionales o involuntarias. Ejemplos son la ausencia de
procedimientos para asistir a las personas mayores en situaciones de
emergencia, o la falta de señalamientos viales y dispositivos que permitan
mejorar la visión, la audición y el equilibrio, que en estas personas en
general se encuentran deteriorados.
- Formas pasivas o encubiertas. Un ejemplo de ello puede ser una
película que muestra solo a las personas jóvenes que habitan una localidad y no
se muestran niños, bebés o personas de edad avanzada en la zona, para generar la
sensación de que el lugar es ‘joven y romántico’.
- Formas asociadas al aspecto sexual. La discriminación, en este caso,
se basa -entre otras cosas- en la confusión entre sexualidad y genitalidad. Con
relación a la sexualidad hay un concepto equivocado en la sociedad según el
cual la sexualidad en los mayores no existe, no es necesaria y si sucede, no es
normal. Estos prejuicios irracionales están extendidos y deben ser reconocidos
y superados.
- Formas dobles. En el caso del sexo femenino tanto el sexismo como el
edadismo pueden darse simultáneamente. Esta es una doble discriminación y sus
efectos son potenciados por ser las mujeres las que tienen una mayor
expectativa de vida y mayor predisposición a padecer enfermedades crónicas en
edad avanzada.
* Conclusiones
- Los límites que produce el envejecimiento no son los que determina la
edad cronológica, sino los que imponen las capacidades físicas, psicológicas,
emocionales y sociales de los adultos mayores. La edad cronológica marca un
punto de corte arbitrario basado en un estereotipo limitado, que termina
generando discriminación, inequidad y maltrato.
- Para proyectar el futuro resulta útil conocer el pasado con el fin de
evitar repetir los errores y capitalizar los aciertos. En el caso de la edad
avanzada, el pasado sería el edadismo, mientras que el presente podría ser
considerado como una etapa de transición, similar a nuestra época histórica y
el futuro podría plantearse con la necesidad de elaborar un nuevo paradigma.
Este modelo debe considerar a la edad madura como una nueva etapa de la vida
con capacidades psicofísicas y sociales diferentes, que le permita a las
personas mayores integrarse activamente a la comunidad, incorporar sus experiencias
y adaptarse a los cambios propios de la evolución social.
- Se debe sustituir la arraigada ‘teoría del desapego’, que postula que
a medida que el sujeto envejece, se produce una reducción de su interés vital
por actividades y objetos, lo cual genera una merma en la interacción social (y
que este proceso es normal en el desarrollo del individuo y además es buscado y
deseado por él). Esta teoría de la resignación y la declinación irreversible
lleva a la marginación y el maltrato. Por ello debe ser reemplazada por el
apego y el respeto a las diferencias etarias para construir una sociedad más
justa y saludable. PB
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