Hugolino Magalotti, Beato
Ermitaño de la Tercera Orden,
11 de Diciembre
Hugolino Magalotti nació en Camerino, en las Marcas, de noble y antigua
familia. Pronto quedó huérfano de madre y no mucho después también de padre.
Todavía joven se
mostró inclinado a la piedad y a la lectura de los libros santos. Habiéndose
integrado a la Orden Franciscana Seglar, distribuyó entre los pobres todas sus
pertenencias y se retiró a la vida eremítica. Su vida fue probada por violentas
tentaciones y apariciones monstruosas y su nombre se hizo famoso por los
prodigios, de modo que muchas veces tuvo que cambiar de eremitorio para
esconderse del continuo ir y venir de los curiosos.
De tanto en tanto
solía ir al vecino monasterio de Riosacro para recibir los sacramentos. Su
lecho habitual era una tabla desnuda, sobre la cual tomaba el descanso.
El primer eremitorio
de Hugolino fue en las faldas del Monte Ragnolo, no lejos de las fuentes del
río Tenna. Lo debió abandonar porque gente de toda condición, especialmente enfermos
del alma y del cuerpo iban a él para escuchar su palabra inspirada, para
encomendarse a sus oraciones, para pedir ayuda en sus necesidades. Los
prodigios hicieron célebre y venerado su nombre desde los primeros años de su
vida eremítica. Pedro de Brunfort, tullido desde su infancia, con mucho trabajo
logró llegarse a sus pies, él lo bendijo y lo curó inmediatamente. Una pobre
mujer, asaltada por dolores agudos y por convulsiones, estaba en peligro de
muerte. Fue llevada a donde el ermitaño, quien oró y la paciente se vio libre
de todo sufrimiento.
Hugolino decidió
cambiar de vivienda para evitar también allí nuevas peregrinaciones. Pasó la
cima del monte Ragnolo, bajó hacia la parte opuesta y se estableció en una
localidad rodeada de rocas y de añosas hayas en las cercanías de Fiegni. En su
nuevo retiro Hugolino intensificó la vida de penitencia y de íntima unión con
Dios. También allí sufrió nuevos asaltos de parte del demonio, que una noche
intentó sacarlo fuera de su eremitorio. Nuevas peregrinaciones de devotos
acudían a él para obtener alivio en sus necesidades espirituales y materiales.
Son célebres dos prodigios realizados por él en el nuevo eremitorio. Con la
oración hizo brotar del monte una fuente de agua limpia que todavía hoy es
utilizada por sus devotos.
Consumido por las
abstinencias y por la penitencias, bajo el peso de los años, Hugolino sintió
que estaba por llegar su última hora. Se preparó a la venida de la hermana
muerte recibiendo devotamente los santos sacramentos. Amorosamente asistido por
algunos devotos y un sacerdote del vecino monasterio de Riosacro, acostado
sobre la desnuda tabla que por tantos años le había servido de lecho, entregó
su alma a Dios. Era el 11 de diciembre de 1373.
La constante veneración
tributada a sus reliquias y los milagros que hicieron glorioso su sepulcro,
movieron al papa Pío IX a aprobar su culto el 4 de diciembre de 1856.
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