Ya estamos en el mes de diciembre. Este
mes, Señor, vamos a conmemorar en la Noche del 24 tu llegada al mundo como el
Hijo de Dios.
Tanto nos amó Dios que nos entrega a su único Hijo para que nazca y muera
como hombre sin dejar de ser Dios por la remisión de todos los pecados de la
Humanidad, los pasados, los presentes y los futuros...
Y para que sucediera esto no lo hace presentándonos un Hijo lleno de
esplendor y poderío sino de una manera natural y ligada a una “concepción” en
una joven virgen por medio del amor del Espíritu Santo.
Va en busca de ti, María. Y Tú, le dices...: QUE SI.
Era necesario buscarte limpia, pura, sin mancha, fresca y serena como la
misma mañana en que naciste porque habías tenido una inmaculada concepción en
el seno de tu madre Ana y por eso te conocemos y veneramos como la Inmaculada
Concepción.
La Iglesia y los católicos del mundo entero, hoy día 8 de diciembre,
haremos fiesta para implorar tu protección y decirte con las palabras del P. Ignacio
Larrañaga: ...hoy
queremos decirte “muchas gracias", Señora, por tu “Fiat", por tu
completa disponibilidad de esclava, por tu pobreza y por tu silencio, por el
gozo de tus siete espadas, por el dolor por todas tus partidas que fueron dando
la paz a tantas almas. Muchas gracias por haberte quedado con nosotros a pesar
del tiempo y la distancia...
Inmaculada Virgen María, Madre purísima, Madre sin mancha, Madre Virgen,
Reina concebida sin pecado original, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos...
así decimos cuando nos dirigimos a Ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y tenemos
la certeza que nos escuchas y atiendes... ¡Cómo una madre no va a oír a sus
hijos!
Tu, que supiste ser la madre más amorosa pero también supiste de
renuncias y dolores. Por eso tu corazón está abierto a todas nuestras llamadas
y súplicas.
Tú quisiste que te conociéramos con este bendito y glorioso nombre al decirle
a la pequeña Bernardita. – “YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN”, ella nada sabía
de estas palabras pero dichas por Ti fueron toda una revelación.
¡Bendita seas, Madre Inmaculada! Ruega por nosotros, ahora y en la hora
de nuestra muerte y por todos tus hijos sin distinción de razas, credos y
colores, tan necesitados de tener una Madre, en este mundo tan desorientado y
convulso, como Tu, Puerta del Cielo, Salud de los enfermos y Refugio de los
pecadores.
No nos dejes, Madre y se nuestra compañía a lo largo de nuestro camino
por esta vida. Que siempre tengamos tu apoyo y tus brazos amorosos si llega a
nosotros el desaliento. Junto a la alegría de sabernos tan amados por Ti. MEdeA
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