Es costumbre al fenecer el año, revisar nuestra vida y
plantearnos metas y propósitos para el Año Nuevo. Muchos se esfuerzan por
realmente cumplir y vivir según los propósitos trazados. Otros tantos -los más-
suelen quedarse en el camino. Sus buenos propósitos se quedaron tan solo en
buenas intenciones. Pero alguien dice por ahí -y quizás diga bien- que de
buenas intenciones, está empedrado el camino del infierno.
Los hijos de Dios debemos ser hombres y mujeres de palabra.
Jesús nos enseñó a decir “Sí” cuando sea sí, y a decir “No” cuando sea no. En
esta línea, es preciso al definir nuestros propósitos para el año que comienza,
tomárnoslos en serio. Y hacer de ellos un verdadero compromiso.
Hay quienes optan por plantearse propósitos materiales: nuevo
auto, el viaje jamás realizado, una casa más grande, un mayor sueldo. Esto está
bien si es que estos objetivos no se definen como una mera meta -lo cual sería
simplemente materialista- sino más bien como medios para algo más importante,
como dar un mayor bienestar a la familia.
Unos más, prefieren definir propósitos que les ayuden a ser
mejores personas. En esta línea, lectora, lector querido, quisiera compartir
contigo una lista de 12 propósitos que pueden ayudarnos a ser sobre todo,
mejores cristianos. Se trata de hacer ciertas cosas y dejar de hacer otras.
También de asumir ciertas actitudes y dejar de lado otras tantas.
1. Acercarnos más a Dios. Es innegable que de esto se desprende todo lo demás. Incluso
el éxito al lograr cumplir con el resto de nuestros objetivos depende en gran
medida de la cercanía a Dios. Pues sin Cristo, nada podemos hacer. Es
importante aumentar nuestro tiempo de oración y participar de manera más
consciente en los sacramentos. También bendecir siempre nuestros alimentos sea
quien sea nuestro comensal.
2. Confiar más en Dios. Muchos se frustran porque Dios no les habla. ¿Quieres
escuchar a Dios? Abre tu empolvada Biblia y léela. Te garantizo que si lo haces
con la frecuencia debida -es decir, diario- escucharas de Dios las palabras que
necesitas. No le exijas ni demandes favores, pídele todo pidiendo siempre que
se haga su voluntad, pues Él sabe cuándo, cómo y en qué medida. Y al tener
frente a ti las oportunidades que necesitas, acéptalas. Deja de cuestionar cada
oportunidad, quedarte inmóvil y dejar de actuar. Dios te ayuda, pero necesita
de tu parte. Dios te inspira, pero necesita de tu inteligencia. Dios te cuida,
pero necesita tu confianza. Este año confía más en Dios, acepta lo que te envía
y actúa en consecuencia.
3. Dejar de Murmurar y de ver la Paja
en Ojo Ajeno. Es increíble lo rápida que es nuestra lengua para desatarse y correr
cual caballo desbocado en contra de alguien más. Y lo peor es que muchas veces
murmuramos en contra de alguien según nosotros en aras de la justicia divina:
porque éste peca mucho, porque ésta gasta mucho dinero, porque este otro es muy
sucio y descuidado, porque esta otra es una chismosa, porque este va a misa
pero se pelea con todos al salir y entrar en su automóvil, porque esta otra
también va a misa pero se queda dormida… La lista es inacabable. ¿Qué tal como
propósito de este año dejar de murmurar y mejor mirar a nuestro interior cada
vez que algo nos parece mal? Porque es un hecho irrefutable que casi siempre
que nos disgusta algo que vemos que otro hace, ¡es porque en el fondo nos disgusta
que nosotros hacemos lo mismo! Por eso advertía Jesús que es fácil ver paja en
el ojo ajeno y no la viga que se lleva en el propio. Hagámonos el propósito de
que al sentir la tentación de murmurar, cerrar la boca, ver a nuestro interior
y en justicia decidir qué actitud debemos nosotros mismos cambiar, qué debemos
dejar de hacer o que debemos comenzar a hacer.
4. Ser Portadores de Ayuda y
Generadores de Cambio. Es fácil criticar lo que no nos gusta. Pero eso rara vez sirve de
algo. A lo largo de este año, hagámonos el firme propósito de que cada vez que
algo nos parezca malo, pensemos cómo ayudar para corregirlo o cambiarlo y
actuemos en consecuencia. Si nada podemos hacer, mejor no estorbemos.
Igualmente, seamos solícitos para ayudar a todo aquél que lo necesita.
5. Dejar de Ofendernos por Todo y de
Pelear contra Todos. Jesús declaró bienaventurados a los mansos, porque heredarán la
tierra. La mansedumbre es una virtud que nos ayuda a dejar de lado la
violencia. Cuántas personas se ofenden por la forma en que los saluda el
empleado de una tienda. Cuántos más se indignan porque el mesero no los vio al
pasar frente a ellos. Cuántos estallan porque el conductor de adelante no va
más de prisa. Cuántos se encolerizan porque su hija no guardó el cepillo y el
espejo. Y en consecuencia agreden, gritan, insultan, ofenden, se vengan, toman
represalias y lo peor, ¡se amargan la vida y se la amargan a los demás! “¿Y
cómo no me voy a enojar?” es su típica justificación. Pero esa actitud no es
digna de un hijo de Dios. Este año hagámonos el propósito de evitar pleitos y
riñas. Desarrollemos mejor la virtud de la mansedumbre. Además de vivir en paz
con los demás, seremos bienaventurados y heredaremos la tierra que el Señor nos
tiene prometida.
6. Desarrollar la Pulcritud. Esto a muchos les cuesta trabajo. Pero es necesario
reconocer que no podemos comprender el concepto de un “alma limpia” si no somos
capaces de vestir una camisa limpia. El desaliño no es virtud, es por el
contrario, un vicio terrible. No hay que confundir no ser vanidosos con ser
sucios y desaliñados. Ir despeinados, con la ropa sucia y arrugada no es propio
de un hijo de Dios. Porque nuestro cuerpo es un templo vivo del Espíritu Santo.
Y ese templo debe siempre ser digno, tanto en su interior como en su exterior.
7. Ser más Laboriosos. Sobre todo a los laicos, Dios nos ha confiado el orden de la
creación. Debemos trabajar para hacer del mundo que Dios nos ha regalado, uno
mejor. Debemos también trabajar para crecer como personas, en talento y
dignidad. Para el hijo de Dios, es inaceptable el trabajo a medias, entregado
tarde o mal hecho. El hijo de Dios debe poner su sello en todas sus obras. Este
año propongámonos hacer nuestro trabajo con pasión y calidad, recordando
siempre cuando Dios puso en manos de Adán el Paraíso que había creado.
8. Ser Limpios de Corazón. Jesús prometió que los limpios de corazón verán a Dios.
Sin embargo, los programas de TV cada vez más vulgares, las conversaciones con
amigos y compañeros de trabajo cargados de palabras soeces, los chistes en
doble sentido son fuertes barreras para mantener limpio el corazón. Este año
que comienza, comprometámonos a mantener una diversión sana, conversaciones en
la línea del respeto y un humor blanco que siempre divierte sin ofender ni
contrariar a nadie más.
9. Dar Más Tiempo a Nuestra Familia. Bien que lo sabemos. Pero bien que fingimos excusas para no
cumplirlo. Necesitamos trabajar mil horas extras para pagar más horas de guardería
y más maestros privados y más cursos de qué se yo para que nuestros hijos estén
en un lugar seguro para poder trabajar más para tener más dinero para pagar más
guarderías, maestros privados y cursos mientras trabajamos más… El ridículo
torbellino que termina por destruir las familias mientras alguien escala
peldaños y amasa fortunas. Basta ya. Este año fijemos bien nuestras
prioridades: Dios, familia y trabajo. En ese orden. El resto, Dios nos lo dará
por añadidura.
10. Disfrutar más la Vida que Dios nos
Da. Ya basta de quejarnos de todo. Es suficiente de encontrarle
peros a todo. Es hora de dejar de encontrarle a todo su lado malo. Acepta por
el contrario con gozo todo lo que Dios te da, agradécelo y alaba al Señor por
su bondad.
Encuentra la mano de Dios en todo lo que tienes.
Mira a cuántos más les hace falta. Alaba a Dios por cada mañana, por la
frescura del agua que corre en la ducha, por el desayuno que te da energía, por
el sol que te calienta. Alábalo por la taza de café que te devuelve el buen
ánimo, por la galleta dulce que lo acompaña, por quien te hace compañía
mientras la bebes. Disfruta al “perder el tiempo” con tus hijos, pues son una
de las mayores bendiciones que Dios te ha dado. Disfruta tus ratos de
enfermedad, pues te dan tiempo para leer aquél libro pendiente y hasta para
acercarte más a Dios. Que este sea uno de nuestros propósitos más firmes para
este año. Pues así viviremos en paz, llenos de gozo y siendo infinitamente
agradecidos a nuestro Dios.
11. Bajar de Peso. ¿Y por qué no? Este casi siempre es un propósito de Año
Nuevo de casi todas las personas adultas. Y curiosamente, es el propósito menos
cumplido. Sin embargo, para los hijos de Dios resulta importante porque bajar
de peso va más allá que una cuestión de vanidad corporal. El exceso de peso en
gran parte se debe al pecado capital de la gula. Y bajo esa óptica es que los
cristianos debemos afrontar esta situación. Los pecados capitales se llaman así
porque de ellos se desprenden muchos más hasta poner fuertemente en riesgo la
integridad de la persona. Quien come demás, desarrolla usualmente otro pecado:
la pereza, manifestada en la falta de ejercicio. El exceso al comer suele
acompañarse en excesos al beber. Y tras las comidas, al fumar. La cadena puede
no tener fin y los riesgos para la salud corporal e innegablemente para la
salud del espíritu son muchos. Hagámonos pues el propósito para este año, de
declar la guerra a la gula que nos ha esclavizado. Dejar atrás este pecado y
mejorar la salud del cuerpo que Dios nos ha dado.
12. Ser Portadores de la Bendición de
Dios. Las personas que necesitan de la bendición de Dios no precisan de un
momento de éxtasis en que Jesús o la Virgen se les manifiesten y con su mano en
la frente los bendigan. Necesitan más bien de cariño, de alguien que los
escuche, de alguien que los ayude, de alguien que les dé trabajo, de alguien
que les dé pan. Siendo hijos de Dios, hagámonos el propósito este año de ser
portadores de las bendiciones de Dios para los demás: con nuestro tiempo, con
nuestra ayuda, con nuestras manos, con nuestros labios y con nuestros bienes
materiales.
Deseo que esta lista te ayude a definir tus propósitos para
el año que comienza. Que Dios te bendiga y sostenga con su mano providente,
bendiga todos tus sueños y te ayude a alcanzar cada una de tus metas. MIP
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