lunes, 6 de noviembre de 2017

Cristianos sin Cristo

Si me preguntaran cuál es la experiencia básica de la que arranca la fe cristiana, diría más o menos esto: una persona comienza a hacerse cristiana cuando descubre a Jesucristo como Maestro y Amigo, y experimenta en él la cercanía de un Dios Salvador.
Por eso pienso que nuestro riesgo más grave es vivir un cristianismo donde hay de todo, pero donde falta precisamente Cristo. De hecho, hay cristianos que se mueven en una atmósfera religiosa de creencias, convicciones y ritos de indudable valor, pero que no pueden siquiera sospechar cómo se transformaría su existencia si conocieran la adhesión viva a la persona de Cristo. Les parecería descubrir una nueva religión.
Con frecuencia, Jesús no es amado, sentido ni venerado de una forma que pueda recordar, aunque sea de lejos, la experiencia que se vivió en las primeras comunidades cristianas. Jesucristo es considerado como el fundador de la Iglesia y de los sacramentos o el portador de una nueva moral, pero no ocupa el centro existencial de la vida de los creyentes. No es el que inspira su vida desde dentro ni el que sostiene su esperanza.
Por eso, no basta la adhesión doctrinal a Jesucristo. No es suficiente «creer cosas» acerca de él, afirmar que hizo milagros, que fue crucificado o que resucitó. Es necesario conocerle, creer en él, inspirarse en su evangelio, seguir sus pasos, fundamentar en él nuestra esperanza.
Pensemos en lo que sucede no pocas veces. Cada domingo el sacerdote predica su homilía, los fieles la oyen y, más de una vez, todos salen de la iglesia sin haber escuchado al único importante: Jesucristo. Se lee el Evangelio, pero no se acoge interiormente la Palabra, se celebra la liturgia pero no se interioriza el misterio de salvación que allí acontece. Se canta con la boca y se recitan oraciones con los labios, pero el corazón está ausente.
Por eso, es necesario que en la Iglesia de hoy escuchemos las palabras de Jesús: «Uno solo es vuestro Maestro», «Uno solo es vuestro Señor, Cristo». Hoy como en tiempos de San Pablo, Cristo es «escándalo» y «necedad» para no pocos, pero, ¿es realmente «fuerza de Dios» y «sabiduría de Dios» para aquellos que decimos creer en él? La revitalización del cristianismo contemporáneo sólo nacerá del retorno a la persona viva de Jesucristo. JAP

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