Es
posible que muchas personas, en el ambiente de crisis en que estamos viviendo,
diga este año con más intención: “Feliz salida y entrada de Año”.
En todo caso yo os invito, queridos amigos, a que nosotros busquemos el sentido cristiano de esta fiesta que, sin duda alguna, nos hará caminar hacia la felicidad y ser constructores de paz.
Es
evidente que todo lo que supone de ‘fiesta’ se debe a lo que hemos conseguido
hasta este momento: un año que acaba, éxitos y superaciones de dificultades y
problemas... En cristiano, lo hacemos, dando gracias a Dios.
Este día de año
nuevo los cristianos comenzamos fijando la mirada en María. Esta fiesta
rememora la declaración del Concilio de Éfeso, en el s. V. La solemnidad de
Santa María Madre de Dios es la primera fiesta mariana que podemos constatar en
la Iglesia occidental. A la Virgen María la vemos como la primera creyente, la
que siempre muestra y hace ver a Jesús. Hoy, ella nos lo muestra como el “Dios
que salva”, y nos invita a tomar este camino que constantemente está empezando.
En este primer
día del Año Nuevo, ¿qué pienso que haría falta para que también fuese “Feliz”?
¿Qué incertidumbres, preocupaciones, inquietudes… continúan? ¿Las medito en mi
corazón, las llevo a la oración? Una semana después de Navidad, ¿sigo
contemplando su Misterio, sigo meditando en mi corazón lo que significa para
mí, para todos, el Nacimiento del Hijo de Dios?
María
saca vida de lo cotidiano, descubre la presencia de Dios escondida en lo
ordinario. Y dejando reposar los sucesos, al meditarlos, descubre las pistas de
su salvación por las que el propio Dios nos conduce.
Que
Santa María Madre de Dios y Madre nuestra, nos proteja en este año de gracia de
la fe, para que descubriendo a su Hijo, nos identifiquemos con Él y obremos ya
desde este momento no según la carne sino según el espíritu. Es mi deseo para
este nuevo año que el Señor nos regala. ACR
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