En los últimos 100 años, la relación entre las
personas y sus alimentos ha
cambiado drásticamente. Se ha pasado de consumir frutas y vegetales
frescos estacionales a tener todo a la mano, ya no en el mercado del
vecindario, donde usualmente se compraba de los propios productores, sino en la
gigante góndola del mercado.
Especialmente después de Segunda Guerra Mundial, la
industria de los alimentos estandarizó su producción, y surgió la necesidad de
preservar los productos, a veces por largos períodos de tiempo. Así, surgieron
ingredientes que se fueron alejando del valor nutricional, en nombre de otras
‘necesidades’: sabor intenso, larga vida, texturas especiales. Fue el
nacimiento de un negocio: el de los alimentos ultraprocesados.
El término ‘alimentos ultraprocesados’ proviene del
sistema de clasificación de alimentos
NOVA, desarrollado por investigadores de la Universidad de San Pablo,
en Brasil.
El sistema clasifica los alimentos en cuatro categorías según su
grado de procesamiento durante proceso el de producción:
Alimentos no
procesados o mínimamente procesados. Este grupo incluye productos como frutas,
verduras, leche, pescado, legumbres, huevos, nueces y semillas que no tienen ingredientes
agregados y que han sido poco alterados con respecto a su estado natural.
Llegan de manera prácticamente natural consumidor.
Ingredientes
procesados. Son productos que se agregan a alimentos o
comidas para sazonarlos o darles sabor, pero que no se consumen solos, como la
sal, el azúcar y los aceites.
Alimentos
procesados. Son aquellos que se elaboran combinando alimentos de
los grupos 1 y 2, los cuales se alteran de la misma manera que se podría hacer
en casa. Incluyen alimentos como mermeladas, encurtidos, frutas y verduras
enlatadas, panes y quesos caseros.
Alimentos
ultraprocesados. Estos productos tienen cinco o más ingredientes
y aditivos que no se suelen utilizar en la cocina casera, como
conservantes, emulsionantes, edulcorantes y colorantes y sabores artificiales. Estos
alimentos generalmente tienen una vida útil prolongada. Algunos de ellos son:
helado, jamón, salchichas, papas fritas, pan producido de manera industrial,
tortas, y productos de confitería, cereales para el desayuno, galletas, bebidas
carbonatadas, yogures con sabor a frutas, sopas instantáneas y algunas bebidas
alcohólicas, como whisky, ginebra y ron.
Efectos de estos
alimentos en la salud
En 2019, se publicó el primer estudio de referencia que
demostró una relación causa-efecto entre el consumo de alimentos
ultraprocesados y el aumento de peso.
Un estudio
de 2022 relacionó el consumo de estos alimentos con un cambio
en la composición de la microbiota intestinal, un sistema de microorganismos
que ‘viven’ en los intestinos y que apoyan a los sistemas del organismo para
que funcione bien y de manera balanceada.
Los alimentos ultraprocesados suelen contener altos niveles de grasas saturadas, sal y azúcar y cuando los comemos, dejamos menos espacio en nuestra dieta
para alimentos más nutritivos. El consumo excesivo de estos productos también
se asocia con un mayor riesgo de diabetes tipo 2.
Esta acumulación de grasa afecta las funciones hepáticas. También
habrían factores relacionados con el procesamiento en sí (es decir, productos químicos no nutricionales y
descomposición de la matriz alimentaria), que podrían afectar las funciones
esenciales del hígado.
Una mayor exposición a alimentos ultraprocesados se
asoció con un mayor riesgo de resultados adversos para la salud, especialmente
cardiometabólicos, trastornos mentales comunes y peores resultados en las tasas
de mortalidad.
Varios análisis centrados en los alimentos
ultraprocesados se han preguntado por qué, sabiendo que la
mayoría de ellos no son beneficiosos para la salud, las personas los siguen
consumiendo. Y varios llegaron a la conclusión de que algunos de los
ingredientes de estos productos pueden resultar adictivos.
A pesar de esas consecuencias, algunos especialistas
aseguran que la producción industrial de alimentos también tiene su lado
positivo:
·
Es esencial para la seguridad
alimenticia y nutricional.
·
Ayuda a construir sistemas de
alimentación.
·
Facilita el abastecimiento de
la población, especialmente en zonas vulnerables.
·
Es más fácil de controlarla
para que mantenga un estándar de calidad, preservando ciertas características,
como texturas, sabores y calidad nutricional.
·
Facilita las preparaciones
culinarias, ahorrando tiempo y esfuerzo.
·
Permite almacenar alimentos
para usarlos en el momento deseado.
Para prevenir los riesgos de salud y aprovechar sus
ventajas, se aconseja utilizar a los alimentos procesados como un complemento
ocasional de la dieta y no como una parte central de la nutrición diaria.
Además de normas de producción que mejoren
la elaboración de estos alimentos para que sean más sanos, expertos
enfatizan que los proveedores de atención médica deben desalentar el consumo de
alimentos ultraprocesados en favor de productos frescos o mínimamente
procesados como una estrategia válida de prevención. HD
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