Las formas
principales de oración son la bendición, la adoración, la oración de petición y
de intercesión, la oración de acción de gracias y la oración de alabanza. Con
cualquiera de ellas elevamos nuestro espíritu a Dios según nuestras
necesidades.
La bendición
Una bendición
es una oración que pide la bendición de Dios sobre nosotros. Toda bendición
procede únicamente de Dios. Su bondad, su cercanía, su misericordia son
bendición. La fórmula más breve de la bendición es “El Señor te bendiga”.
Todo cristiano
debe pedir la bendición de Dios para sí mismo y para otras personas. Los padres
pueden trazar sobre la frente de sus hijos la señal de la cruz. Las personas
que se aman pueden bendecirse. Además el presbítero, en virtud de su
ministerio, bendice expresamente en el nombre de Jesús y por encargo de la
Iglesia. Su oración de bendición es especialmente eficaz por medio del
sacramento del Orden y por la fuerza de la oración de toda la Iglesia.
La adoración
Toda persona
que comprende que es criatura de Dios reconocerá humildemente al Todopoderoso y
lo adorará. La adoración cristiana no ve únicamente la grandeza, el poder y la
Santidad de Dios. También se arrodilla ante el amor divino que se ha hecho
hombre en Jesucristo.
Quien adora
verdaderamente a Dios se pone de rodillas ante Él o se postra en el suelo. En
esto se muestra a verdad de la relación entre Dios y el hombre: él es grande y
nosotros somos pequeños. Al mismo tiempo el hombre nunca es mayor que cuando se
arrodilla ante Dios en una entrega libre. El no creyente que busca a Dios y
comienza a orar puede de este modo encontrar a Dios.
La petición
Dios, que nos
conoce completamente, sabe lo que necesitamos. Sin embargo, quiere que
“pidamos”: que en las necesidades de nuestra vida nos dirijamos a Él, le
gritemos, le supliquemos, nos quejemos, le llamemos, que incluso “luchemos en
la oración” con él.
Ciertamente
Dios no necesita nuestras peticiones para ayudarnos. La razón por la que
debemos pedir es por nuestro interés. Quien no pide y no quiere pedir, se
encierra en sí mismo. Sólo el hombre que pide, se abre y se dirige al origen de
todo bien. Quien pide retorna a la casa de Dios. De este modo la oración de
petición coloca al hombre en la relación correcta con Dios, que respeta nuestra
libertad.
La intercesión petición por los
demás
Del mismo modo
que Abraham intercedió a favor de los habitantes de Sodoma, así como Jesús oró
por sus discípulos, y como las primeras comunidades no sólo buscaban su interés
“sino todos el interés de los demás” (Flp 2, 4), igualmente los
cristianos piden siempre por todos; por las personas que sin importantes para
ellos, por las personas que no conocen e incluso por sus enemigos.
Cuanto más
aprende un hombre a rezar, tanto más profundamente experimenta que pertenece a
una familia espiritual, por medio de la cual la fuerza de la oración se hace
eficaz. Con toda mi preocupación por las personas a las que amo, estoy en el
centro de la familia humana, puedo recibir la fuerza de la oración de otros y
puedo suplicar para otros la ayuda divina.
La acción de gracias
Todo lo que
somos y tenemos viene de Dios. San Pablo dice “¿Tienes algo que no hayas
recibido?” (1 Cor 4,7). Dar gracias a
Dios, el dador de todo bien, nos hace felices.
La mayor
oración de acción de gracias es la “Eucaristía” (en griego “acción de gracias”)
de Jesús, en la que toma pan y vino para ofrecer en ellos a Dios toda la
Creación transformada. Toda acción de gracias de los cristianos es unión con la
gran oración de acción de gracias de Jesús. Porque también nosotros somos
transformados y redimidos en Jesús; así podemos estar agradecidos desde lo
hondo del corazón y decírselo a Dios en muchas formas.
La alabanza
Dios no
necesita de ningún aplauso. Pero nosotros necesitamos expresar espontáneamente
nuestra alegría en Dios y nuestro gozo en el corazón. Alabamos a Dios porque
existe y porque es bueno. Con ello nos unimos ya a la alabanza eterna de los
ángeles y los santos en el cielo. Y
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