Texto del Evangelio (Jn 6,41-51): En aquel
tiempo, los judíos murmuraban de Él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha
bajado del cielo». Y decían: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y
madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?». Jesús les
respondió: «No murmuréis entre vosotros. Nadie puede venir a mí, si el Padre
que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito
en los profetas: ‘Serán todos enseñados por Dios’. Todo el que escucha al Padre
y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha
venido de Dios, ése ha visto al Padre.
»En
verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la
vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el
pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo,
bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo
le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».
«Nadie
puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae»
Comentario: Fray Lluc TORCAL
Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet, Tarragona, España)
Hoy, el Evangelio
presenta el desconcierto en el que los connacionales de Jesús vivían en su
presencia: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos?
¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?» (Jn 6,42). La vida de Jesús entre los suyos había sido tan normal
que, el comenzar la proclamación del Reino, quienes le conocían se
escandalizaban de lo que entonces les decía.
¿De qué Padre les
hablaba Jesús, que nadie había visto? ¿Quién era este pan bajado del cielo que
quienes lo comen vivirán para siempre? Él negaba que fuera el maná del desierto
porque, quienes lo comieran, morirían. «El pan que yo (...) voy a dar, es mi
carne por la vida del mundo» (Jn 6,51).
¿Su carne podía ser un alimento para nosotros? El desconcierto que sembraba
Jesús entre los judíos podía extenderse entre nosotros si no respondemos a una
pregunta central para nuestra vida cristiana: ¿Quién es Jesús?
Muchos hombres y
mujeres antes que nosotros se han hecho esta pregunta, la han respondido
personalmente, han ido a Jesús, lo han seguido y ahora gozan de una vida sin
fin y llena de amor. Y a los que vayan a Jesús, Él los resucitará el último día
(cf. Jn 6,44). Juan Casiano exhortaba
a sus monjes diciéndoles: «‘Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros’,
porque ‘nadie puede ir a Jesús si el Padre que lo ha enviado no lo atrae’
(...). En el Evangelio escuchamos al Señor que nos invita para que vayamos
hacia Él: ‘Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré
reposar’». Acojamos la Palabra del Evangelio que nos acerca a Jesús cada día;
acojamos la invitación del mismo Evangelio a entrar en comunión con Él comiendo
su carne, porque «éste es el verdadero alimento, la carne de Cristo, el cual,
siendo la Palabra, se ha hecho carne para nosotros» (Orígenes).
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