Albertina Berkenbrock, Beata
Virgen y
Mártir, 15 de Junio
Martirologio Romano: En Saõ Luís, Imaruí, Brasil, beata Albertina Berkenbrock, virgen y
mártir. († 1931)
Fecha de beatificación: 20 de Octubre de 2007, por S.S.
Benedicto XVI.
Albertina Berkenbrock nació el 11 de abril de 1919
en Saõ Luís, municipio de Imaruí, al norte de Brasil, y fue bautizada el 25 de
mayo sucesivo. Recibió la Confirmación el 9 de marzo de 1925 y la primera
Comunión el 16 de agosto de 1928. Su familia, profundamente católica, provenía
de Westfalia (Alemania). Frecuentaban regularmente la iglesia y rezaban todos
los días en el hogar. Vivió en este ambiente propicio, donde sus padres
pusieron los cimientos de su fe sencilla y pura. Su formación religiosa prosiguió
con la catequesis de preparación para los sacramentos.
Su madre recordaba que Albertina fue siempre muy
obediente, dócil y piadosa. Ayudaba mucho en los quehaceres del hogar así como
en las labores del campo; en la escuela era amada tanto por sus maestros como
por sus compañeros. Fue siempre muy sencilla, modesta en el vestir, serena y
delicada. De su sentido cristiano de la vida nacía su inclinación a la bondad,
a la piedad y a la virtud, en la medida en que una niña de 12 años podía
comprenderlas y vivirlas.
La sierva de Dios tenía dos puntos de referencia
espirituales: la Virgen Madre de Dios y san Luis Gonzaga. Su ambiente familiar,
su sensibilidad de niña, su formación religiosa y su profunda devoción a san
Luis constituyen los presupuestos para identificar en el alma no sólo una
honestidad natural, sino también la plena conciencia del sentido de pecado y de
la custodia de su pureza.
Tres palabras son particularmente recurrentes en
los testimonios de quienes conocieron a Albertina: “delicada”, “modesta” y
“reservada”. Otro elemento que emerge con fuerza de los testimonios es su gran
sentido de caridad, que manifestaba acompañando a las niñas más pobres, jugando
y compartiendo con ellas su pan. Lo hacía, en particular, con los hijos de
Idanlício, su asesino, que trabajaba para su familia; esto tenía un mérito
especial porque eran de raza negra y en esa región, de colonización germánica e
italiana, existía un fuerte sentimiento racista.
Idanlício Cipriano Martins tenía 33 años y vivía
con su mujer y sus hijos cerca de la casa de los Berkenbrock. El 15 de junio de
1931, hacia las cuatro de la tarde, Albertina estaba apacentando el ganado de
su familia cuando el padre le pidió que fuera a buscar un buey que se había
alejado. En el camino encontró a Idanlício, que se ofreció a ayudarle. Con
engaño, la condujo a un bosque cercano pidiéndole tener una relación sexual.
Albertina se opuso con firmeza para salvaguardar su pureza, e Idanlício intentó
violarla. Al no lograrlo, el hombre extrajo una navaja y le cortó la garganta,
causándole la muerte en el acto. Albertina tenía doce años y medio.
Dos días después se celebró su funeral. Los
habitantes de Saõ Luís y de muchas aldeas vecinas participaron con gran
conmoción, no sólo por el modo trágico como había muerto, sino sobre todo por
el heroísmo con el que había defendido su pureza. En el lugar del martirio se
construyó posteriormente una capilla dedicada a santa Inés otra virgen mártir
de los primeros siglos del cristianismo, a la que acudían sin cesar multitudes
de peregrinos para pedir gracias a través de la sierva de Dios.
En 1952, en la misma capilla en la que Albertina
había recibido la primera Comunión, se reunió el tribunal eclesiástico de la
archidiócesis de Florianópolis para incoar el proceso de beatificación y
canonización. Con la división de la archidiócesis y la creación de la diócesis
de Tubarão, los pastores de esta nueva circunscripción eclesiástica se
encargaron de promover la causa. El 16 de diciembre de 2006 Su Santidad
Benedicto XVI firmó el decreto sobre el martirio de la sierva de Dios Albertina
Berkenbrock y el 20 de octubre de 2007 la beatificó.
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