—A ojos de muchos, la Iglesia aparece como algo
anticuado, cuyos métodos se han ido anquilosando.
Son muchos, en
efecto, los que tienen esa extraña imagen. Pienso que si conocieran la fe y la
realidad de la Iglesia con mayor profundidad, comprobarían que en la Iglesia
sopla un aire fresco de novedad y de ideales grandes. Verían que brinda una
espléndida posibilidad de transformar la propia vida.
Por eso es
importante que los cristianos promuevan, por decirlo así, una cierta curiosidad
por lo que significa realmente ser cristiano, y que fomenten el interés por
contemplar la riqueza que la fe contiene, su variedad, su capacidad de resolver
los problemas del hombre de hoy. Para descubrirlo hay que acercarse un poco,
pues la fe se entiende mucho mejor cuando uno se pone en camino.
—Algunos ven la fe como una simple coraza que el
hombre se fabrica para sentirse mejor consigo mismo.
La religión da
respuesta a muchas preguntas y miedos que el hombre lleva consigo, y le ayuda a
superarlos. En ese sentido, es cierto que ayuda a sentirse mejor con uno mismo.
Pero aunque tenga esos efectos psicoterapéuticos, la fe no es eso, es mucho
más. En todas las épocas de la humanidad ha existido la tendencia del hombre
hacia lo eterno, hacia Dios. Y de la misma manera que el hombre se siente mejor
cuando lleva bien sus relaciones humanas, es lógico que sienta lo mismo, y con
más intensidad, cuando lleva bien su relación con Dios. AA
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