Es utópico hablar hoy de consumismo. Nos parece lo
más normal. Se siguen abriendo nuevos centros comerciales e hipermercados. Los
restaurantes multiplican sus ofertas. Cada vez es mayor la profusión de
productos que uno puede elegir y el número de cadenas que puede seleccionar.
Todo está ahí a nuestra disposición: objetos, servicios, viajes, música,
programas, vídeos.
Ya no son las religiones ni los pensadores los que
marcan las pautas de comportamiento o el estilo de vida. La «nueva sociedad» está
dirigida cada vez más por la moda consumista. Hay que disfrutar de lo último
que se nos ofrece, conocer nuevas sensaciones y experiencias. La lógica de
«satisfacer deseos» lo va impregnando todo desde niños.
Está naciendo lo que el profesor G. Lipotvesky
llama el «individuo-moda», de personalidad y gustos fluctuantes, sin lazos
profundos, atraído por lo efímero. Un individuo sin mayores ideales ni
aspiraciones, ocupado sobre todo en disfrutar, tener cosas, estar en forma,
vivir entretenido y relajarse. Un individuo más interesado en conocer el parte
meteorológico del fin de semana o los resultados deportivos que el sentido de
su vida.
No hemos de demonizar esta sociedad. Es bueno vivir
en nuestros días y tener tantas posibilidades para alimentar las diversas
dimensiones de la vida. Lo malo es quedarse vacío por dentro, atrapado sólo por
«necesidades superficiales». Dejar de hacer el bien para buscar sólo el
bienestar, vivir ajenos a todo lo que no sea el propio interés, caer en la
indiferencia, olvidar el amor.
No es superfluo recordar en nuestra sociedad la
advertencia de Jesús: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el
alimento que perdura, dando vida eterna». El mismo Lipotvesky, que
tanto subraya en sus obras los aspectos positivos de la moda consumista, no
duda en recordar que «el hombre actual se caracteriza por la vulnerabilidad».
Cuando el individuo se alimenta sólo de lo efímero se queda sin raíces ni
consistencia interior. Cualquier adversidad provoca una crisis, cualquier
problema adquiere dimensiones desmesuradas. Es fácil caer en la depresión o el
sinsentido. Sin alimento interior la vida corre peligro. No se puede vivir sólo
de pan. Se necesita algo más. JAP
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