Religiosa y
Mártir, 18 de Agosto
Martirologio Romano: En la Comunidad Valenciana, España, Beatas Josefa Martínez Pérez y
11 religiosas profesas de la Congregación de Hijas de la Caridad de San Vicente
de Paul, quienes junto a Dolores Broseta Bonet, laica, fueron asesinadas por
odio a la fe. (1936)
Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el
pontificado de S.S. Francisco.
Nació en Zaragoza el 5 de octubre de 1873. Sus
padres, Juan (guitarrista) y María, ama de casa, se preocuparon de darle una
buena educación en el Colegio dirigido por las Hijas de la Caridad. Cursó
estudios de Música antes de ingresar en la Compañía. Desde joven fue miembro de
la Asociación de Hijas de María de la Medalla Milagrosa, participando de la
espiritualidad mariana en la oración y servicio a los necesitados. En este
ambiente y conociendo la labor de las Hermanas, siente la llamada de Dios y
decide ingresar en la Compañía de las Hijas de la Caridad.
Realizó el Postulantado en el Hospital General de
Madrid, el año 1892, donde se reafirma en su vocación con el contacto de tantos
pobres como había acogidos allí y en el encuentro directo con la realidad del
dolor y la miseria. Cumplidos los 19 años entra en el Seminario y, terminada en
él su formación inicial, es destinada a las Escuelas de la Purísima de
Barcelona. Unos años después al colegio de San Vicente de Paúl de Barbastro, y,
seguidamente, a las Escuelas de Educación Primaria de la Milagrosa en el barrio
de La Guindalera de Madrid.
Un detalle que ha pasado desapercibido en sus
reseñas biográficas es que, durante su estancia en Barbastro, fue maestra de San
Josemaría Escrivá de Balaguer, cuando este ingresó con solo tres años en el
parvulario en Barbastro. Lola Lacau Ballarín -una alumna de aquellos días-
recordaba las clases de catecismo y de piano de sor Rosario Ciércoles Gascón. Y
entre otras cosas dice que «tengo muy vivo el recuerdo, casi como una
fotografía, de las clases de catecismo y formación en el Parvulario. Se daban
en una gran sala que tenía unos banquitos pequeños. En el centro se ponía Sor
Rosario y los niños y las niñas se situaban en los laterales. Cuando algún niño
o niña destacaban más por su viveza, aplicación y buena conducta, se le
nombraba monitor, que venía a ser como un jefe de filas o de grupo, por ser
alumno aventajado. Yo misma fui monitora. Josemaría también fue monitor, junto
con otro chico, de Estada, llamado Paco Sitjar».
Hacia 1920 fue destinada al Colegio - Asilo de San
Eugenio de Valencia. En todos los destinos desempeñó su misión como organista,
profesora de Música y manualidades profesionales. A los niños del Colegio San
Eugenio les enseñaba carpintería, pues era una artista del bricolaje y la
madera. Los chicos de su taller salían bien preparados como medio oficiales,
sabían utilizar las máquinas de motor que ella había adquirido y enseñado a
manejar. Además, cuidaba del jardín y del palomar.
Como era organista y especialista en música,
organizó un coro muy bien preparado, hasta tal punto que los niños eran
invitados a cantar en fiestas populares y religiosas. Ella les acompañaba
siempre como organista y directora. Poseía un temperamento enérgico, pero lo
dominaba y se controlaba. Los chicos la querían porque veían en ella a una
verdadera madre que se preocupaba de ellos con cariño e interés. Era una
artista del piano y de la madera, pero, sobre todo, sabía vivir y transmitir el
arte de la armonía del amor de Dios en el corazón de los niños. Por eso gozaba
de modo especial en las clases de música y manualidades y se entregaba de lleno
a su misión de educadora.
Como buena aragonesa, era muy devota de la Virgen
del Pilar, no menos de la Virgen Milagrosa, como Hija de la Caridad. Ambas
devociones las inculcaba en sus alumnos a través del canto y la música
religiosa.
También expulsada del asilo
Llegado el momento recio de la persecución, en
julio de 1936, fue expulsada con todas sus compañeras. Las Hermanas fueron
dispersadas y la comunidad del Asilo de San Eugenio de Valencia quedó deshecha.
Sor Rosario con otras dos Hermanas se fueron a Puzol (Valencia), a casa de un
familiar de una de ellas. Mientras permanecieron allí, estuvieron vigiladas y
amenazadas por los miembros del Comité comunista del pueblo. En la misma casa
había refugiado un sacerdote, que celebraba la Eucaristía clandestinamente al
amanecer de cada día. Al enterarse los extremistas del Comité, decidieron
acabar con su vida. Las tres fueron apresadas el día 17 de agosto de 1936 y
llevadas al Comité, juntamente con el sacerdote.
Sor Rosario intentó defenderse y defender a las
Hermanas de aquella prisión injusta y sin sentido, por lo que habló muy fuerte
a los comunistas, pero no logró la liberación pretendida. Entonces comprendió
que Dios las esperaba para regalarles el don del martirio, por lo que alentó a
las Hermanas compañeras para que fueran fuertes en su entrega total al Señor.
Los milicianos las tuvieron toda la noche limpiando las dependencias del Comité
comunista ubicado en la Casa del Pueblo. A la mañana siguiente del 18 de agosto
de 1936, al amanecer, las sacaron al campo para martirizarlas moralmente, con
toda clase de indecencias y abusos sobre su cuerpo virginal, debajo de un
limonero, cerca del cementerio de Benavides (Valencia). Después las
martirizaron físicamente, acribillando su cuerpo con tiros de metralla. Sor
Rosario tenía 63 años de edad y 44 de vocación en el momento del martirio.
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