Fundadora, 17 de Marzo
Martirologio Romano: En Catumbi, Rio de Janeiro, Brasil, Beata María Bárbara de la Santísima Trinidad (en el siglo Bárbara Maix), fundadora de la congregación de las hermanas del Inmaculado Corazón de María († 1873).
Martirologio Romano: En Catumbi, Rio de Janeiro, Brasil, Beata María Bárbara de la Santísima Trinidad (en el siglo Bárbara Maix), fundadora de la congregación de las hermanas del Inmaculado Corazón de María († 1873).
Fecha de beatificación: 6 de noviembre de 2010, durante el
pontificado de S.S. Benedicto XVI.
Nació en Viena, Austria
el 27 de junio de 1818, hija de José Maix y Rosalía Mauritz.
Los registros históricos
nos dicen que José Maix era empleado público. Encontramos a su padre en el año
1782, trabajando como ayudante de cocina para el príncipe José Luis Lischtein.
Poco después, en el año 1786, pasa a trabajar en el Palacio de Schönbrunn, en
la función de ordenanza y luego chambelán del emperador.
Las muertes en la
familia Maix eran frecuentes y la enfermedad una constante. Bárbara, la menor
de 9 hijos del segundo matrimonio, tuvo su infancia y adolescencia marcada por
muchas dificultades que le causaron debilidad en su organismo. De hecho, fue
muy difícil para el padre José Maix trabajar en el palacio donde se realizaban
muchas fiestas, llenas de elegancia y lujo, y ver morir a sus hijos, uno tras
otro, por no poder vencer, con el fruto de su trabajo, el hambre y la enfermedad.
Vivían junto al palacio, en la casa número uno de los empleados.
En esta atmósfera de los
contrastes entre el lujo y la abundancia del palacio con la pobreza y el dolor
en su familia, se fue formando la personalidad de Bárbara. Hereda de sus padres
la fe cristiana, el espíritu de lucha y resistencia, la tenacidad constante
para resistir lo que tocara vivir, el coraje para enfrentar el imperio del lujo
ante las apremiantes necesidades de la familia. Es el amor sin los límites por
la vida lo que la hace fuerte, intrépida, llena de energía. Ella aprende de los
sufrimientos diarios a no dejarse vencer frente a las dificultades, por más
grandes que estas sean.
Desde temprana edad,
manifiesta un espíritu misionero y profético frente a los desafíos de la realidad:
En tiempos de guerra, en los que el estado prohíbe la fundación de
congregaciones religiosas, reúne jóvenes y con ellas inicia el proyecto de las
Hermanas del Inmaculado Corazón de María.
Ante una situación
social de desempleo en la que el mayor número de nacimientos correspondían a
madres solteras, abre una casa de huéspedes para albergar a empleadas
domésticas, dándoles orientación y asistencia, evitando que cayeran en la
prostitución y otras desigualdades sociales. Perseguida por el contexto político-económico
de Viena y ante la necesidad de salir del país, planea ir a América del Norte,
mas las circunstancias hacen que junto a 21 compañeras viaje a Brasil, país del
que no conoce ni su cultura ni su geografía. Escribiendo a una compañera le
dice: “Llegamos a Río de Janeiro el 9 de noviembre (1848), sin dinero, sin
conocer a nadie, sin conocer el idioma, con mucha hambre, pero llenas de
confianza en Dios y en Nuestra Señora”.
En una época en que las
mujeres no tenían participación social, acceso a los conocimientos y a la
educación escolar, se convirtió en educadora y permitió el estudio a las niñas,
especialmente a las huérfanas y pobres.
Atenta a los hechos,
percibe otras necesidades de la época: asilos y pensionados. Ante las epidemias
de cólera y fiebre amarilla y por la Guerra con Paraguay, se hace cargo de las
actividades en dispensarios y hospitales.
Frente a una sociedad
que mantiene el sistema de la esclavitud, María Bárbara no acepta que las
personas que trabajan junto a las Hermanas lo hagan en condiciones de
esclavitud, todos realizan los mismos servicios y tienen los mismos derechos en
una relación de total igualdad y colaboración.
En un contexto en el que
las órdenes religiosas eran de estilo puramente contemplativa, María Bárbara
hace una innovación: una forma de Vida Consagrada forjada para el trabajo
profano y social. Este modelo de la Vida Religiosa era nuevo tanto para la
Iglesia como para el gobierno. Ella fundó el 8 de mayo de 1849 la primera
congregación femenina de vida activa en Brasil.
Con inteligencia, abre
nuevos caminos, vence los obstáculos y se enfrenta firmemente los problemas de
orfandad, opresión y autoritarismo de la época.
María Bárbara, mujer de
fe, discierne la realidad, toma decisiones, como la de no realizar aquellas
tareas que no ayuden al estilo de vida exigido en el Proyecto de la
Congregación. “... Yo no creo que haya autoridad en la tierra que me obligaría
a hacer nada en contra de mi conciencia. No somos esclavos, Señor
Administrador. Somos libres por la misericordia de Dios”.
Su vida dedicada toda a
Dios y a los hermanos, especialmente a los más necesitados, fue señalada por
muchos sufrimientos, enfermedades, pobreza y luchas. Siguiendo el ejemplo de la
Virgen María, se entregó totalmente a la Voluntad del Padre, María Bárbara
respondió que sí a la llamada del Señor.
Murió el 17 de marzo de
1873, dejando en herencia “La búsqueda continua de la voluntad de Dios, atentas
a los apelos de la Iglesia en cada momento histórico”, el perdón, la vivencia
fraterna, escuchar la palabra de Dios, el coraje, la osadía y la defensa de la
dignidad humana. Sus restos mortales se conservan en la Capilla de S. Rafaele,
Rua Riachuelo, 508, Porto Alegre, RS – Brasil.
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