Límites son necesarios en la vida. Sin Límites no
hay seguridad y se pierde la responsabilidad. Encontramos límites en todas las
áreas de la vida. Sin embargo cuando llegamos al terreno del Reino de Dios,
aunque allí también existen límites, a veces Dios nos desafía a ir unos cuantos
pasos más allá de los límites para entrar en la dimensión de lo desconocido
para nosotros pero en lo conocido por Dios.
La Biblia nos habla de un día cuando un joven que
le encantaba vivir dentro de los límites se acercó a Jesús pero luego de una
ligera pero profunda plática, dio media vuelta y volvió a su caja por temor a
lo desconocido. Veamos el pasaje en la versión Biblia De Las Américas.
“Y he aquí se le acercó uno y dijo: Maestro, ¿qué
bien haré para obtener la vida eterna? Y El le dijo: ¿Por
qué me preguntas acerca de lo bueno? Sólo Uno es bueno; pero si deseas entrar
en la vida, guarda los mandamientos.
Él le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús respondió: No matarás;
no cometerás adulterio; no hurtarás; no darás falso testimonio; honra
a tu padre y a tu madre; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.
El joven le dijo: Todo esto lo he guardado; ¿qué me
falta todavía? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees
y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme. Pero
al oír el joven estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos
bienes. Mateo 19:16-22.
En esta entrevista entre el joven rico y Jesús
encontramos un muchacho que había vivido cómodamente entre los límites
conocidos. Había guardado todos los mandamientos y por ello se sentía
orgulloso, cómodo y realizado aunque sentía que le hacía falta algo.
Por eso cuando el Señor le dijo, conoces los
mandamientos, él levanta su cabeza con aire de orgullo y satisfacción y dice:
“Todo eso lo he guardado desde mi juventud”. En otras palabras, todo gira en
torno a vivir dentro de los límites, quiero decirte que tengo el examen
aprobado. He vivido dentro de los límites.
Sin embargo el Señor le dice: “Una Cosa te falta”.
Ya que has vivido dentro de los límites, te falta salirte ahora de los límites
y hacer lo que nunca has hecho. Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que
posees y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme”.
Esas palabras sacudieron a este hombre. Jesús le
estaba pidiendo ir más allá de los límites, hacer lo que nunca había hecho,
decir lo nunca había dicho e ir donde nunca había ido.
La Palabra nos muestra que se fue triste porque era
dueño de muchos bienes y él no quería salirse de los límites.
Amados, El reino de Dios tiene sus límites pero a
veces los límites se extienden más allá de nuestra perspectiva y es entonces
cuando Jesús nos dice. Vamos más allá de lo que conoces y hagamos lo que nunca
has hecho.
“La única
posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más
allá de ellos, hacia lo imposible” Arthur C. Clarke (1917-?) Escritor inglés de
ciencia ficción.
Cuantos hombres y mujeres ricos como el del Nuevo
Testamento se van tristes. Quizás no son ricos en posesiones, pero ricos en
ideas, en planes, en sueños, en proyecciones, pero pobres en desafíos.
No se atreven a ir más allá de donde están cuando
Dios los desafía porque se encuentran encerrados en medio de Siete
Límites que Dios quiere que sobrepases.
Examinemos estos Siete Límites.
1.
El Límite del Deber.
Somos buenos para mantenernos en el campo del deber
ya sea en la familia, trabajo o religión. Aún en nuestra relación con Dios
hacemos de la oración y la lectura de la Palabra un deber. Hay momentos en que
Dios nos dice, deja a un lado el deber y ahora hagámoslo por Amor. Hay una gran
diferencia entre el deber y el amor. Este joven cumplía los mandamientos por
deber, pero le faltaba poner el Amor allí y por eso se fue triste y perdió la
oportunidad de volar en otras dimensiones. No dejes que el Deber te limite,
agrégale amor al deber y los límites se ampliarán.
2.
El Límite de lo
Conocido. Nos gusta lo conocido. No queremos ir a lo
desconocido. Este joven nunca había vendido sus bienes ni había sin duda alguna
estado cerca de los pobres. Por eso se detuvo en este límite. En el Reino de
Dios, a veces Dios nos sorprende, nos llama o nos envía a lo desconocido y eso
se torna en una tremenda aventura. No dejes que lo desconocido te retenga. Hay
un mundo nuevo esperando fuera de ti para explorar con el Espíritu Santo.
3.
El Límite de los
Prejuicios. Este joven tenía muchos prejuicios como un buen
judío de esa época. No miraba bien a los Samaritanos o publicanos. Había
aprendido a mirar por encima de las cabezas de los demás. Como un hombre con
muchas riquezas tenía prejuicios con los pobres. Todos nosotros tenemos
prejuicios hacía la gente, lugares o en nosotros mismos, creyendo que no
podemos o no sabemos o no lo lograremos. Jesús sabe confrontar nuestros
prejuicios.
4.
El Límite de la
Culpa. Sin duda este joven aunque decía que había
guardado todo los mandamientos en lo profundo de su alma sentía culpa porque en
algún momento había quebrantado uno de ellos como un buen ser humano. Culpa es
lo que ha detenido a muchos a no ir más allá de su geografía personal. El
enemigo de sus almas los ha mantenido acorralados en la esquina del
cuadrilátero lanzando golpe tras golpe por las caídas o fallas del ayer.
5.
El Límite del Temor.
Temor a lo desconocido o a no entender. Temor a volar. Muchos temores vinieron
sobre el Joven rico como quizás han venido a ti. Jesús está a tu lado y el te
dice. “Yo Soy. No temáis. Yo he vencido al mundo”.
6.
El Límite de la
Rutina. Rutina es un fantasma que ha hecho que la gente no
explore más allá de su entorno. La costumbre me da cierta seguridad, pero me
roba la capacidad de avanzar en la vida.
7.
El Límite del
Fracaso. Finalmente el límite del fracaso. Vender todo puede
llevarme al fracaso, sin duda este joven lo pensó. Tú y yo también muchas veces
lo hemos pensado. Nos han enseñado en la vida que fracasar es malo. Fracaso es
solo una manera más de aprender a hacer las cosas cada día mejor. La Biblia
dice que siete veces cae el justo, pero de todas ellas se levantará.
El Joven rico se fue triste porque lo sujetaron
estos siete límites. Pero, Usted y yo no tenemos que irnos tristes. El Señor
nunca nos pide nada para dejarnos avergonzados.
Aunque a veces su desafío de saltar los límites
parece una tontería, pero no es así.
Cuando él dice vamos, es porque él ya viene. Cuando
él dice dame, es porque ya el nos dio. Cundo él dice habla es porque sus
palabras ya están en nuestra boca.
El Señor le dijo a este rico, “Si así lo haces,
tendrás tesoro en los cielos”. Esa es la recompensa de ir más allá de os
límites. Dios tiene reservado un tesoro en el Reino. Ningún desafío queda sin
su recompensa, ninguna olimpiada sin su medalla, ningún reto sin una
satisfacción sembrada en el alma. SCG
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