Tener una sensación de somnolencia durante el día
con relativa frecuencia podría ser una señal de un problema mucho mayor que la
falta de sueño. Según un estudio que se publica en la revista Sleep, que
ha analizado datos de estilo de vida de miles de adultos mayores, aquellos que
informan estar muy somnolientos durante el día eran casi 3 veces más propensos
de tener depósitos cerebrales de beta amiloide, una proteína que es un sello
distintivo para la enfermedad de Alzheimer, en el futuro que los que experimentaban
dicho cansancio.
El hallazgo se suma a una creciente evidencia de
que el sueño de mala calidad podría fomentar el desarrollo de esta forma de
demencia, sugiriendo que dormir adecuadamente durante la noche podría ser una
forma de ayudar a prevenir la enfermedad de Alzheimer.
«Factores como la dieta, el ejercicio y la
actividad cognitiva han sido ampliamente reconocidos como objetivos potenciales
importantes para la prevención de la enfermedad de Alzheimer, pero el sueño no
ha llegado todavía a ese nivel, aunque eso puede estar cambiando», indicó el
Prof. Dr. Adam P. Spira, de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg
(EEUU).
«Si el sueño perturbado contribuye a la enfermedad
de Alzheimer -agregó-, es posible que podamos tratar a pacientes con problemas
de sueño para evitar estos resultados negativos». El estudio utilizó datos del
Estudio Longitudinal de Envejecimiento de Baltimore (BLSA), un estudio a largo
plazo iniciado en 1958 que siguió a miles de voluntarios a medida que
envejecen.
Como parte de los exámenes periódicos del estudio,
los voluntarios cumplimentaron un cuestionario entre 1991 y 2000 en el que se
formulaba una pregunta simple de sí o no: «¿Suele adormecerse o quedarse
dormido durante el día cuando desea estar despierto?» También se les preguntó:
«¿Duerme usted siesta?» con opciones de respuesta de «diario», «1-2 veces por
semana», «3-5 veces por semana» y «rara vez o nunca».
Un subgrupo de voluntarios de BLSA también comenzó
a recibir ser analizad mediante técnicas de neuroimagen a partir de 1994. En
2005, a algunos de estos participantes se les realizaron pruebas como
tomografías por emisión de positrones (PET) usando el compuesto B de Pittsburgh
(PiB), un compuesto radioactivo que puede ayudar a identificar placas beta amiloideas,
en neuronas tejido. Estas placas son un sello distintivo de la enfermedad de
Alzheimer.
De esta manera los investigadores identificaron a
123 voluntarios que respondieron a los cuestionarios previos y se sometieron a
una PET con PiB casi 16 años más tarde. A continuación, analizaron estos datos
para ver si había una correlación entre los participantes que informaron
somnolencia durante el día o durante la siesta y si obtuvieron resultados
positivos para la presencia de beta-amiloide en sus cerebros.
Una vez ajustados los factores demográficos que
podrían influir en la somnolencia diurna, como la edad, el sexo, la educación y
el índice de masa corporal, sus resultados mostraron que aquellos que
informaron de una somnolencia durante el día tenían tres veces más
probabilidades de tener depósitos de beta amiloide que los que no.
«Todavía no sabemos por qué se produce esta
asociación», señaló el Dr. Spira. Una posibilidad es que la somnolencia diurna
por sí misma pueda de algún modo causar la formación de esta proteína en el
cerebro. «Sin embargo, -explicó- no podemos descartar que las placas amiloides
que estaban presentes en el momento de la evaluación del sueño causaron
somnolencia», agregó.
Trastornos de sueño
Los estudios en animales en modelos de la
enfermedad de Alzheimer han demostrado que restringir el sueño nocturno puede
conducir a una mayor presencia de la proteína beta amiloide en el cerebro y el
fluido espinal.
Los investigadores saben desde hace tiempo que los
trastornos del sueño son comunes en los pacientes diagnosticados con la
enfermedad de Alzheimer y se cree que las placas beta-amiloides crecientes y
los cambios cerebrales relacionados afectan negativamente el sueño.
«Pero este nuevo estudio se suma a la creciente
evidencia de que un sueño deficiente podría contribuir al desarrollo de la
enfermedad de Alzheimer», agregó el Dr. Spira.
«Lo bueno, -añadió-, es que sugiere que la calidad
del sueño podría ser un factor de riesgo modificable al dirigirse a los
trastornos que afectan el sueño, como la apnea obstructiva del sueño y el
insomnio, así como factores sociales e individuales, como la pérdida de sueño
por el trabajo o por ver la televisión»
«Todavía no hay cura para la enfermedad de
Alzheimer, por lo que debemos hacer todo lo posible para prevenirla. Incluso si
se desarrolla una cura, se deben enfatizar las estrategias de prevención»,
afirmó el Dr Spira.
Y concluyó diciendo que «priorizar el sueño puede
ser una forma de ayudar a prevenir o quizás ralentizar esta condición». BP
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