En el Día Mundial del ACV (29-10) especialistas en enfermedades
cerebrovasculares alertaron que las personas con ataque cerebral están llegando
‘más tarde y con peor pronóstico’ a los centros asistenciales por miedo a la
pandemia, al tiempo que coincidieron en que el coronavirus parece agravar el
cuadro por la propia acción ‘inflamatoria’ e ‘hipercoagulante’ del virus.
La jefa de la Sección de Enfermedad Cerebrovascular del Hospital
Italiano, Dra. Cristina Zurrú, explicó que es esperable un “rebote” en el
impacto de las enfermedades cardiovasculares, porque durante la cuarentena
obligatoria más estricta “se generaron dos fenómenos” adversos. “Por un lado, la
gente dejó de controlarse, con lo cual tenemos chance de que mucha gente no
esté adecuadamente tratada; y, por otro lado, los pacientes con síntomas leves
de ACV o no concurrían o llegaban más tarde al hospital por miedo a la
pandemia, con lo cual tenemos menos chances de limitar el daño”, agregó esta
neuróloga. En ese sentido, recordó que un
estudio de la Asociación de Clínicas y Sanatorios demostró que en abril pasado
“hubo una reducción del 45% de las consultas -ya sea de control, detección de
factores de riesgo vascular o atención de agudos”. “Y con la pandemia, estamos viendo algo que no veíamos
desde hace 10 o 15 años atrás que es pacientes con un ACV menor complicado por
una consulta ambulatoria diferida, es decir, personas que ante la mínima
dificultad para hablar o mover el brazo demoran la consulta, algo en lo que se
había trabajado mucho para que no ocurriera”, dijo.
A su turno, el director general del Instituto para el Estudio de las
Neurociencias y la Radiología Intervencionista (Eneri), Dr. Pedro Lylyk, aseguró
que hubo una “involución” en la atención precoz de los ACV. “Todo lo que
habíamos ganado (en tiempo) en el combate del ACV, convenciendo a la gente de
que tenía que ir rápido a la consulta, ahora quedó en duda porque le dimos
mensajes adversos de que se quedara en casa”, dijo este neurocirujano. Esta medida “tuvo una eficacia fantástica” para frenar
la expansión de la Covid, pero al ser aplicado a rajatabla y con falta de
criterio, trajo como efecto no deseado a nivel mundial una menor llegada de
emergencias a las guardias, entre ellos los ACV, “y los que llegaron, fue en
peor estado”.
“Un estudio en 12 centros de EEUU demostró que los enfermos llegaron dos
horas más tarde, en promedio, en relación con el mismo mes del año anterior,
con cuadros más graves, peor pronóstico, aumento de la mortalidad y pacientes
más jóvenes”, agregó.
El ACV se produce cuando una detención repentina del flujo sanguíneo que
irriga una parte del cerebro, provoca la muerte de neuronas por la falta de
nutrientes y oxígeno, generándose un daño permanente. Los ataques cerebrales pueden producirse
por la obstrucción de un coágulo (ACV isquémico) -85% de los casos-, o por la
rotura de un vaso sanguíneo que genera un hematoma (ACV hemorrágico) -15%
restante-.
Se estima que en Argentina ocurren entre 130.000 y 190.000 ACV por año,
es decir, uno cada cuatro minutos, de los cuales entre 39.000 a 60.000 terminan
en muerte dentro del primer mes. “La primer causa de muerte y discapacidad en la
Argentina es la suma de las enfermedades cardio y cerebrovasculares, que se
contabilizan juntas porque tienen varias factores de riesgo en común y se deben
tratar en conjunto”, dijo el Dr. Lylyk.
Por tratarse de una urgencia médica, el ACV requiere una atención
inmediata para aprovechar al máximo la denominada ‘ventana terapéutica’ es
decir, el período de algunas horas que el infarto tarda en desarrollarse y
durante el cual es posible realizar intervenciones médicas para evitar o
minimizar el daño cerebral. Dos son los principales tratamientos en el caso del
ACV isquémico, cuyo éxito es ‘tiempodependiente’: la trombolisis con drogas
endovenosas (para disolver el coagulo) y la trombectomía mecánica endovascular
(para remover la obstrucción con pequeños stend).
“Cuando se tapa una arteria en el cerebro podemos salvarlo sacando el
coágulo; pero para eso tenemos un tiempo que antes era de cuatro horas y media,
después pasó a ocho horas y hoy en algunos casos seleccionados es de 24 horas.
Pasado ese tiempo, el cerebro ya está infartado y esta intervención puede ser
contraproducente”, dijo el Dr. Lylyk.
Por su parte, Zurrú recordó que “la gran mayoría de estos eventos se
relaciona con la presión arterial no controlada”, mientras que “un pequeño
grupo” tiene su origen en “problemas en el desarrollo de los vasos o
malformaciones”.
Otros factores de riesgo son: tabaquismo, sedentarismo, diabetes,
obesidad, colesterol y triglicéridos muy elevados, consumo excesivo de drogas y
alcohol, y arritmia cardíaca, entre otros. No obstante, las personas que logran un
cambio en el estilo de vida tienen un 80% menos de riesgo de sufrir un ACV.
“Y más también porque lo único que no se puede predecir es que alguien
tenga una malformación vascular o un factor protombótico; pero la gran mayoría
de los factores se detectan con un análisis de laboratorio, electrocardiograma
y un examen clínico. Por eso son muy importantes los controles en salud”, dijo
la Dra. Zurrú. En cuanto a la
interrelación entre coronavirus y ACV la especialista recordó que “como toda
infección viral” la Covid “genera fenómenos inflamatorios que favorecen las
trombosis, pero no se sabe en qué porcentaje”. BP
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