El dolor de espalda es un tipo de malestar muy común y una de
las principales razones por las que las personas acuden al médico. Para que las
molestias que provoca acaben es necesario ocuparse de aquello que originó el
dolor en un principio. Conoce aquí cuáles son las causas más comunes y cómo
identificarlas.
Ciática
La ciática es un dolor que se produce a lo largo del ciático, el nervio
más largo del cuerpo. Este se ramifica desde la parte inferior de la espalda a
través de las caderas y los glúteos hasta el final de cada pierna.
Generalmente, la ciática les ocurre a personas de entre 30 y 50 años.
Cómo identificarlo: El dolor que produce la ciática suele definirse como un tirón o pellizco
molesto que puede llegar a paralizar a quien lo padece, al punto tal que parece
que no podrá volver a agacharse o caminar. Normalmente afecta solo un lado del
cuerpo.
Daño hepático
El hígado es el órgano de mayor tamaño dentro del cuerpo, como tal, se
encuentra expuesto a muchas lesiones o enfermedades. Las principales causas del
daño hepático suelen ser: consumo excesivo de alcohol, cirrosis, enfermedad del
hígado graso no alcohólico, hepatitis, síndrome de Reye o cáncer de hígado.
Cómo identificarlo: Aunque la mayoría de las personas con daño hepático sufren una sensación
punzante en la parte superior derecha del abdomen, esta molestia también se
puede irradiar hacia la espalda u omoplato derecho. Este dolor se puede ver
acompañado por hinchazón y llegar a dejar sin aliento a quien lo padece.
Daño renal
El daño renal suele ser provocado por una infección en los riñones.
También puede deberse a la presencia de cálculos renales, depósitos sólidos de
minerales y sales que se forman cuando la orina se concentra. Pueden aparecer
en uno o ambos riñones y sus dimensiones varían (desde un grano de arena hasta
una perla).
Cómo identificarlo: El dolor que provoca el daño renal se suele sentir a cada lado de la
columna entre la parte baja de la caja torácica y las caderas. Este dolor es
agudo si el origen es un cálculo renal, o sordo (más leve pero constante) si
proviene de una infección renal. En estos últimos casos, el dolor puede llegar
a irradiar hacia la zona interior del muslo o a la parte inferior del abdomen.
Hernia discal
Las vértebras de la columna son huesos que se encargan de proteger los
nervios que salen del cerebro y bajan por la espalda para formar la médula
espinal. Entre ellas se encuentran discos cartilaginosos. En una hernia discal,
estos discos pueden salirse de su lugar (herniarse) o romperse a causa de una
lesión o distensión, provocando presión sobre los nervios raquídeos.
Cómo identificarla: Aunque algunas hernias de disco no causan síntomas, es común que generen
dolor punzante en distintas partes de las piernas, caderas o glúteos, y
entumecimiento en otras zonas de la espalda. También se puede experimentar
dolor o entumecimiento en la parte posterior de la pantorrilla o la planta del
pie.
Mal esfuerzo
La lesión por sobrecarga, también conocida como mal esfuerzo, ocurre
cuando se realizan movimientos repetitivos, levantan objetos pesados o se
mantiene una misma posición durante mucho tiempo, sometiendo a demasiado
esfuerzo a los músculos, huesos o articulaciones.
Cómo identificarlo: Si bien este problema puede afectar a las distintas partes del cuerpo
que se vieron sometidas a la sobrecarga, cuando ocurre en la espalda se
caracteriza por provocar inflamación, distensión muscular y sensación de
debilidad o fatiga generalizada.
Mala postura
Ciertos factores pueden influir sobre nuestra postura de forma negativa,
por ejemplo, malos hábitos, como sentarse encorvado y no estar parado
correctamente, tener músculos inflexibles que disminuyen el rango de
movimiento, afectando qué tan lejos puede moverse una articulación, o tener
músculos débiles que aumentan el riesgo de caídas.
Cómo identificarlo: El dolor originado por una mala postura se caracteriza por causar
tensión en la zona del cuello y trapecio. Esta puede aumentar al punto que
dificulta la circulación o respiración, provoca rigidez y genera problemas para
realizar movimientos.
Precauciones
Normalmente, el dolor de espalda tiende a desaparecer con el tiempo
(cuando se lo acompaña con cuidados en casa). Sin embargo, deberás consultar a
un médico si este persiste tras un par de semanas, se vuelve cada vez más
intenso, o genera debilidad o entumecimiento en ambas piernas.
Qué hacer para aliviar el dolor
Cómo señalamos anteriormente, para que el dolor acabe es necesario
ocuparse de aquello que lo genera, por lo que visitar al médico es fundamental
para conocer las causas. Los profesionales también suelen recomendar ciertos
hábitos para aliviar el dolor de espalda y prevenir futuras lesiones, como
realizar ejercicio regularmente, controlar el estrés, mantener un peso saludable
y descansar correctamente.
Muchas prácticas ancestrales no invasivas, como el yoga o la
acupuntura, también pueden ayudar a aliviar el dolor de espalda. Existen
tratamientos quiroprácticos tendientes a eliminar el dolor, tracción, y otras
técnicas como relajación, respiración y biorretroalimentación. TV
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