Recuerdo que, siendo niño, vino un sacerdote al pueblo para
dar las charlas cuaresmales. Los más pequeños difícilmente podíamos contener la
risa al verle dramatizar y oírle decir expresiones como ésta: “Cristo está
loco.... (pausa), loco.... (pausa), loco... (pausa) de amor por los hombres”.
No es a esta locura a la que nos referimos. Ni tampoco a esos casos en que la
locura conlleva tintes gravemente patológicos. Hay una manera muy cómoda de desentendernos de una
persona cuando no piensa como nosotros o somos incapaces de comprenderla: decir
que está loco. Y en muchos casos habría que preguntarse a ver quién es más
normal, si aquellos que llamamos locos o los que nos tenemos por cuerdos.
Lo cierto es que en el Evangelio aparece claramente reflejado
que algunas personas tenían a Jesús por un loco. Nos dice el Evangelio (Mc 3) que fue a casa y se juntó de
nuevo con tanta gente que no le dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes,
fueron a echarle mano, porque decían que no estaba en sus cabales... También
los fariseos decían que tenía dentro al demonio. Andaba por Galilea porque los
judíos trataban de matarlo. Pero también sus parientes le dijeron que se
marchase de allí. De hecho ni siquiera su familia creía en él: “estás loco” (Jn 7,20).
A veces llamamos loco al que no piensa ni actúa como la masa,
al que es libre en el hablar y obrar, al que habla sin doblez ni prejuicios, al
que dice abiertamente lo que piensa. En este sentido casi es normal que mucha
gente fuera incapaz de comprender a Jesús, que les resultara desconcertante.
Un día un señor llamó a casa de un cura diciendo que era
Dios. Le anunció que también iba a venir también a visitar la parroquia de
Fabero, pero no llegó o si llegó no me encontró en casa. ¿Qué se podría pensar
de él? Que estaba loco. Y con razón. Tal vez a muchos, y más a los judíos, el
hecho de que un hombre intentara pasar por Dios debería resultarles tan
inaceptable como absurdo. De ahí que hasta cierto punto ese rechazo parece
normal. Con razón decía San Pablo que la cruz de Cristo era escándalo para los
judíos y necedad para los griegos.
En todo caso un estudio objetivo de la personalidad de Jesús
en la medida en que aparece reflejada en los Evangelios, nos muestra que, lejos
de ser un enfermo mental, era persona muy equilibrada, un verdadero modelo de
vida. Por otra parte, de no ser así difícilmente se explicaría el éxito, más
allá de la muerte, de su doctrina y de su persona.
No sé si en nuestro tiempo, después de tantos años, puede
haber quien considere a Jesús como un loco. Más bien pienso que no, puesto que
la figura humana de Jesús goza de muchas simpatías. Pero ¿no es verdad que sí
que puede ocurrir que aquella persona que intente seguir verdaderamente a Jesús
y su estilo de vida sea, en cierta manera, incomprendida y mirada o con
desprecio o con compasión? ¿Ser cristiano hoy, con todas las consecuencias, no
es exponerse a ser tildado de ‘loco’?
Mirando al Maestro y recordando las dificultades que tuvo que
pasar hasta el punto de ser reprendido por su propia familia, que le buscaba
como para que dejara de hacer el ridículo, ¿no es verdad que también nosotros
nos sentimos un poco aliviados ante un mundo que no siempre nos entiende y
pretende marginarnos?
Sin duda que hoy comprendo mejor aquella frase del predicador
que tanta gracia nos hacía y que hasta podía parecer irreverente: “Cristo está
loco”. No importa que también nosotros lo estemos... por Él. MA
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