19
de octubre: Día Mundial de la Lucha Contra el Cáncer de Mama
La
mamografía permite ver lo que aún no se palpa y detectar la enfermedad en una
fase asintomática. Ante la confirmación del caso, es posible encontrar
distintas vías de expresión para gestionar las emociones asociadas con la
noticia.
El autoexamen para detectar irregularidades en las mamas no alcanza. No
debe reemplazar al estudio realizado por un especialista ni a la mamografía.
«El autoexamen permite detectar cambios tales como bultos, retracciones,
asimetrías, cambios en la piel y el pezón, enrojecimiento, aumento de tamaño de
ganglios axilares y secreción por pezón entre otros», expresa la Dra. Luciana
D'Angelo, cirujana general, especialista en mastología de Liga Argentina de
Lucha Contra el Cáncer (LALCEC).
Para ella, «el autoexamen es una herramienta útil especialmente si se la
complementa con la mamografía para detección de carcinomas mamarios. El conocer
nuestras mamas, va a permitir detectar cualquier mínima alteración y realizar
la consulta precozmente».
Mamografía:
paso a paso
Lo que se solicita previamente al estudio, es no aplicar desodorantes ni
talcos en mamas ni axilas para que la zona esté lo más limpia posible. El
procedimiento, que implica la compresión de las mamas, consiste en la
realización de cuatro placas o, en el caso de quienes tengan prótesis, seis.
«El tema del dolor es muy subjetivo. Es altamente tolerable y la
compresión dura segundos, no es que está comprimida un minuto completo. Para
nosotras a mayor compresión, mejor es la precisión del estudio y menos dosis de
radiación va a recibir la persona», explica Ana Laura González, técnica en
diagnóstico por imagen de LALCEC. La dosis de radiación que se utiliza en la
mamografía, al ser un tejido poco denso, es muy baja y no puede generar daños a
la paciente en otros órganos.
El estudio suele durar, incluyendo las preguntas básicas para la
historia clínica, como máximo 20 minutos.
«Otros chequeos que permiten obtener un diagnóstico temprano son la
ecografía mamaria, el examen físico y, en algunos casos, la resonancia de mama»,
detalla el Dr. Carlos Silva, médico especialista en oncología y coordinador del
área psicosocial de LALCEC. Siempre es fundamental realizar una consulta
personalizada con un profesional.
El
rol de la psicooncología
Es el campo de intervención interdisciplinario que se ocupa de los
aspectos psicosociales asociados al diagnóstico y el tratamiento del cáncer en
el paciente, sus familiares, cuidadores y equipos de salud, así como de las
conductas que afectan el afrontamiento del proceso.
«La psicooncología puede acompañar el momento de la recepción del
diagnóstico, para gestionar las emociones asociadas con la noticia, el impacto,
así como también facilitar la adaptación al proceso que continúa… el inicio del
tratamiento, cirugías, cambios en imagen corporal, licencia laboral, cambios en
dinámica familiar, etcétera», expone la Lic. María Fernanda Montaña, psicóloga
con formación en psicooncología y coordinadora del área psicosocial de LALCEC y
continúa: «La psicooncología puede ser un espacio para registrar lo que ocurre
en términos de lo psíquico y emocional, distinguir recursos efectivos y
prevenir procesos desadaptativos cuando los cambios resultan difíciles. También
puede dar espacio para pensar la adversidad, facilitar el desarrollo de
resiliencia, entendiendo que también podemos generar crecimiento personal, aún
en lo no elegido o difícil».
Es importante saber que no resulta necesario cambiar a las emociones por
otras. «Escuchar nuestras necesidades, deseos y preocupaciones para pensar qué
hacer con ello. Quizá motiven una decisión a tomar o un cambio por hacer, a eso
llamamos gestionar los procesos psíquicos y emocionales. Es como registrar una
incomodidad y poder pensar qué sería aquello que puede aliviarlo. De la misma
forma, registrar los factores de alivio para poder ofrecernos ese recurso más
seguido», plantea la experta.
Otros
recursos que pueden resultar útiles son:
·
Buscar ayuda
en caso de encontrar dificultad para adaptarse a los cambios, sabiendo también
que la adaptación es un proceso.
·
Ubicar
recursos para afrontar situaciones. Identificar eventos del pasado donde hubo
que afrontar alguna dificultad. Recordar las herramientas que fueron útiles.
·
Realizar
actividades que den placer y satisfacción.
·
Tener un
registro para anotar preguntas para el médico, estados emocionales, teléfonos y
pegar etiquetas que recuerden algún momento importante del proceso, puede ser
un buen ordenador y, a su vez, un recurso para administrar el autocuidado.
·
Identificar
aquellos elementos que le dan sentido a la vida: eso que funciona como motor
para vivir puede ser un muy buen combustible. BP
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