Texto del Evangelio (Jn 20,1-9): El primer día de la semana va María Magdalena de
madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del
sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a
quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no
sabemos dónde le han puesto».
Salieron Pedro
y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero
el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al
sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también
Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el
sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar
aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el
primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que
según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.
«¿Por qué buscáis entre
los muertos al que está vivo? No está aquí. Ha resucitado»
Comentario: Fr. Austin NORRIS (Mumbai,
India)
Hoy, contemplamos la Gloria del
Señor resplandeciente en su victoria sobre el sufrimiento y sobre la muerte.
Promete una vida nueva a todos aquellos que buscan y creen en la Verdad de
Jesús. Nadie se sentirá defraudado como no se sintieron aquellas mujeres que
«fueron a la tumba con perfumes y ungüentos» (Lc 24,1).
Los perfumes y ungüentos que
debemos llevar durante nuestra existencia son una vida dando testimonio de la
Palabra de Dios, cuando Jesús hecho hombre, dijo: «Yo soy la resurrección. El
que cree en mí (…) vivirá, y no morirá jamás» (Jn 11,25-26).
Dentro de nuestra confusión y
dolor parece que nos volvamos miopes y no podamos ver más allá de nuestro
entorno inmediato. Y el «¿por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?» (Lc 24,5) es una llamada a seguir a
Jesús y a buscar la presencia del Señor ‘aquí y ahora’, en medio del pueblo del
Señor y de su sufrimiento y dolor. En uno de sus discursos de Miércoles de
Ceniza, el Santo Padre Benedicto XVI dice que «la salvación, de hecho, es don,
es gracia de Dios, pero para tener efecto en mi existencia requiere mi
asentimiento, una acogida demostrada con obras, o sea, con la voluntad de vivir
como Jesús, de caminar tras Él».
Por nuestra parte, «al regresar
del sepulcro…» (Lc 24,9) de nuestras
miserias, dudas y confusiones, podemos también brindar a nuestros semejantes en
este valle de lágrimas, esperanza y seguridad. La oscuridad del sepulcro «dará
paso algún día a la brillante promesa de la inmortalidad» (Prefacio de las Misas de Difuntos). Ojalá la Gloria del Señor
Jesús nos mantenga en pie cara al cielo y ojalá podamos siempre ser
considerados como un ‘Pueblo Pascual’. Ojalá podamos pasar de ser un ‘pueblo de
Viernes Santo’ a uno de Pascua.
Pensamientos para el
Evangelio de hoy
«Lo que hay que considerar en
estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer
que no se apartaba del sepulcro. Ella fue la única en verlo, porque se había
quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la
perseverancia en ellas» (San Gregorio
Magno)
«Jesús no ha vuelto a una vida
humana normal de este mundo, como Lázaro y los otros muertos que Jesús
resucitó. Él ha entrado en una vida distinta, nueva; en la inmensidad de Dios» (Benedicto XVI)
«El misterio de la resurrección
de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente
comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año
56, puede escribir a los Corintios: ‘Porque os transmití, en primer lugar, lo
que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las
Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las
Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce’. El Apóstol habla aquí
de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a
las puertas de Damasco» (Catecismo de la
Iglesia Católica, nº 639)
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