El concepto de la OMS para el Día Mundial de la Salud (07/04)
abarca tanto que nos hace sentir lo lejos que estamos en nuestro país de
alcanzar este concepto global. Pero, si nos concentramos pensando en un
objetivo tan ambicioso que parece desdibujarse, perdemos la oportunidad de
pensar cómo avanzar hacia esa deseable tendencia. Estar en camino sería una
gran estrategia.
Para encarar este proyecto debemos centrarnos en las necesidades de cada
persona en su hábitat natural. En la que la interacción sea tal que pueda
desarrollar una vida de acuerdo con sus tradiciones y costumbres, con un alto
respeto al medio ambiente y buscando la forma en que pueda desarrollar una
actividad económica que lo contenga, que sea sustentable y no lo obligue a
trasladarse a centros urbanos donde su cultura resulte extraña. Si no es una
elección de vida puede vivirse como un destierro en su propio país.
Tenemos experiencia reciente en la pandemia COVID 19, donde queda
claramente demostrado que:
·
La salud es un bien colectivo, no
es meramente un interés individual.
·
El aumento brusco de casos COVID
en nuestro medio a principios de año -con un número de casos que reflejaron la
ocurrencia de casi el 40% de los que se contabilizaron desde marzo 2020 con
descenso de mortalidad porcentual- se debió no solamente a mutaciones del
virus, sino modificaciones en el huésped: mayor porcentaje de individuos
inmunizados, cuidados de poblaciones vulnerables, y cambios de hábitos en un importante
número de la población.
·
Los sistemas de salud necesitan
vigilancia genómica para detectar y abordar rápidamente los riesgos. Datos de
la OMS en marzo 2021 reflejaron que el 54% de los países del mundo tenían esta
capacidad, a enero 2022 esta cifra había aumentado al 68%, momento en el que
también aumentó el intercambio público de datos de secuenciación un 43% más que
el año pasado. Todo esto es debido a la inversión y a una estrategia global de
vigilancia genómica de patógenos con potencial pandémico y epidémico para el
periodo 2022-2032.
El futuro se construye con datos, a pesar de habernos informado a diario
del número de casos y fallecidos por COVID, no contamos con datos oficiales del
Ministerio de Salud de mortalidad global desde 2019.
En nuestro país, según datos INDEC, la tasa de mortalidad por 100 mil
habitantes es de 7.6 (8 para hombre, 7.2 mujeres) en la distribución porcentual
de causas, la cardiocirculatoria se lleva el 28.4%; la oncológica y las
respiratorias un 18%; las causas externas (como accidentes) 5.8%; infecciosas y
parasitarias 4.1%; diabetes 2.7% dentro de las más representativas.
De acuerdo con la cuarta encuesta nacional de Factores de Riesgo en
Argentina (2019) estas enfermedades son responsables del 73,4% de las muertes,
del 52% de los años de vida perdidos por muerte prematura, siendo prevenibles.
Repensar políticas de salud preventivas viendo los denominadores comunes
de las causa de mortalidad, nos llevaría a ocuparnos de una pandemia de
enfermedad no transmisible, como es la obesidad que según la 4ta Encuesta, el
exceso de peso aumentó en las última encuesta a 61.6%, al igual que el consumo
de alcohol de 8.9 al 13.3%; mientras que el consumo de tabaco disminuyó del
29.7 al 22.2%.
La falta de educación en aprovechamiento del medio en cada región ha
llevado a muchos a perder el capital de conocimiento que las generaciones
pasadas tenían para general alimentos básicos, la cultura del trabajo de la
tierra, el beneficio que se puede tener de las distintas geografías, la cría de
alguna especies animales, etc., todas fuentes de alimentos genuinos, naturales,
sin conservantes, sin grasas saturadas, ni hidratos de carbono refinados.
Dentro de las acciones colectivas de prevención, la más valiosa es la
educación centrada en el aprovechamiento del medio donde cada uno habita,
rescatando la cultura de cada región, revalorizando el rol de la interacción de
los individuos con su medio natural para que sean ellos mismos los propagadores
del cuidado del medio ambiente, del mejor aprovechamiento del agua, del cuidado
del ambiente, la provisión de energías no contaminantes.
Los gobernantes y políticos debieran centrar su tarea en diseñar
políticas para que las oportunidades de vivir mejor de manera sustentable
lleguen a todos. Pero no teniendo cifras oficiales disponibles para todos, no
podemos pensar que el diagnóstico de situación sea el real, entonces es cuando
las subjetividades de intereses distintos al bien común parecen dominar la
escena.
Nos preguntamos ¿qué podemos hacer?
·
Conservar hábitos familiares de
diálogo y transmisión de la cultura ancestral, revalorizando y respetándonos
individualmente.
·
Ponernos a cada uno de nosotros
como beneficiarios de este cuidado revalorizándonos individualmente, además de
lo que significamos para la sociedad, y a la vez siendo agentes promotores de
mejoras en la calidad de vida de todos.
·
Informándonos de la elección de
alimentos, hidratación y actividad física. Limitar el uso de tecnología para
promover el descanso adecuado, el autoconocimiento, ser responsables del
impacto de nuestras acciones, desde nuestras adicciones, el desecho de residuos
domiciliarios, hasta el aprovechamiento de todos los materiales y recursos
naturales.
La suma de acciones individuales cuenta en el presente y se proyectan en
el tiempo, exijamos a nuestros dirigentes poner en agenda al cuidado de los
individuos, y el medio ambiente que compartimos todos. SM
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