Religioso
Hospitalario, 10 de Junio
Martirologio Romano: En Regensburg, Alemania, beato Eustaquio Kugler, religioso de la
Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios. († 1946)
Fecha de beatificación: 4 de octubre de 2009, durante el
pontificado de S.S. Benedicto XVI.
Ni el miedo frente a la presión nazi ni el rechazo
a las personas discapacitadas que se vivía en su país con el Nacionalsocialismo
de Hitler pudieron apagar la intensa espiritualidad y el amor a los limitados
físicos que tuvo el hermano Eustaquio Kugler.
Hospitalario con los discapacitados
Su nombre de pila era José. A los 16 años, mientras
trabajaba en una construcción, cayó de un andamio, a la altura de 4 metros y
tuvo una distorsión en el pie y una herida que lo hicieron cojear toda su vida.
El hermano Kugler, (1867-1946) ingresó a los 26
años a la orden de San Juan de Dios, luego de haber entrado en contacto con
esta comunidad durante la construcción de un hospital en Reichenbach
(Alemania). Durante casi toda su vida religiosa fue prior de diversas
comunidades y de su Provincia religiosa. Cargo al que era reelegido por
voluntad de los propios miembros de la orden de San Juan de Dios. Tenía un gran
sentido de la justicia y un talento para la organización. Bajo su mando estaban
16 hospitales con 2.500 personas asistidas. En 1929 se inauguró un magno
hospital (masculino y femenino) con su iglesia en Regensburg, en honor a San
Pío V. Se preocupó que se atendieran principalmente a los pobres. Escribió los criterios
para acompañar a los enfermos en los hospitales que se rigen en la actualidad.
Aún con esta responsabilidad, pasaba las noches caminando por los pasillos del
hospital velando por las necesidades de los enfermos, desde las más pequeñas.
Los que trabajamos en el campo de la discapacidad
sabemos que las personas se abren sólo con quienes tienen el corazón abierto
hacia ellas. El hermano Eustaquio Kugler, fue un gran modelo de este enfoque,
afirma Ubli Doblinger, actual responsable de la pastoral del centro para
personas discapacitadas de Reichenbach. Para el postulador de su beatificación,
el hermano Félix Lizaso, Kugler vivió su llamado en medio de dos importantes
pilares: Una realidad existencial profunda en la comunidad, con una vida de fe
y espiritualidad y una vida de entrega a los enfermos, dijo en diálogo con
Zenit.
Peligro nazi
Como muchas otras órdenes religiosas y la misma
Iglesia, los hermanos de San Juan de Dios eran acechados por los nazis. También
lo eran los mismos enfermos que ellos atendían. Muchos fueron deportados ya que
los nazis los consideraban un tumor para la sociedad, pero el hermano Kugler
puso todo su empeño por salvarlos de la cámara de gas.
El 17 de agosto de 1943 hubo un gran bombardeo
sobre Ratisbona. Los alrededores del hospital fueron destruidos. En cambio,
este centro de salud quedó intacto. Podemos decir que aquí hay un santo, que
nos ha salvado de la guerra y de las bombas, decía un pastor evangélico. Cuenta
el padre Lizaso que un día Hitler pasó frente al hospital. Todos corrieron a
asomarse a las ventanas para verlo. El hermano Kugler en cambio, no quiso
mirarlo y decía a sus hermanos nuestro Fuhrer vive ahí, señalándoles el
sagrario.
Nunca iba a ningún sitio si no era con el rosario
en la mano. Era un hombre muy recto. Con espíritu de oración, de recogimiento,
de humildad, asegura su postulador.
Sufrió mucho por la devastación nazi. Soportó más
de 30 interrogatorios de la Gestapo. Fue tal su impresión que durante uno de
estos cayó desmayado. Además de no delatar a ningún hermano, ni a otras
personas, mantuvo gran silencio en su comunidad sobre los interrogatorios y
trato recibido. Ni se quejó ni insultó a los policías testimonia Lizaso.
Hubo hermanos que abandonaron la orden,
deslumbrados por las ideologías nazis. Esto golpeó profundamente a Eustaquio.
Pero guardando la calma, se refería a los nazis diciendo: Esos árboles no
crecerán hasta el cielo.
No era una persona de oficiales estudios
teológicos, pero sí de una espiritualidad ascética profunda, una innegable vivencia
mística por su vida interior y profundidad de fe, que acompañaba a sus actos en
auténtica respuesta de amor a Dios, asegura su postulador.
El hermano Kugler murió en 1946 de un tumor en el
estómago. Han pasado más de 60 años después de su tránsito. Hoy sus hermanos,
así como miles de fieles en Regensburg admiran de él su sencillez, su sabiduría
y su espíritu de servicio.
Fue beatificado el 4 de octubre de 2009 durante el
pontificado de S.S. Benedicto XVI.
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