Según el Centro de Estudios sobre Nutrición
Infantil, 1 de cada 3 niños en edad escolar del país tiene sobrepeso u
obesidad. Si bien la seguridad de los edulcorantes no calóricos en cualquier
etapa de la vida -incluyendo la niñez- ha sido afirmada por autoridades
normativas durante casi cuatro décadas, todavía surgen preguntas sobre cómo
deben utilizarse.
El sobrepeso y la obesidad son uno de los
principales problemas de salud pública de la actualidad a nivel mundial. Tal es
así que, en los últimos 30 años, sus índices han llegado a triplicarse.
Según los últimos datos arrojados por la
Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2016 había más de 340 millones de
niños y adolescentes -de 5 a 19 años- con sobrepeso u obesidad.
Asimismo, junto a la Organización Panamericana de
la Salud (OPS), indican que la prevalencia de obesidad en menores de 5 años es
de 6,2% (41 millones) a nivel global, con un aumento de 33% desde el 2000 al
2016.
Nuestro país presenta el mayor porcentaje de
obesidad infantil en niños y niñas menores de 5 años en la región de América
Latina. Los números lo avalan: según la Base de Datos Global sobre Crecimiento
Infantil y Malnutrición de la OMS, los argentinos poseen un 7,3% de
prevalencia.
Asimismo, según el Centro de Estudios sobre
Nutrición Infantil (CESNI) de nuestro país, 1 de cada 3 niños en edad escolar
tiene sobrepeso u obesidad.
Si bien la seguridad de los edulcorantes no
calóricos en cualquier etapa de la vida -incluyendo la niñez- ha sido afirmada
por autoridades normativas durante casi cuatro décadas, todavía surgen
preguntas sobre cómo deben utilizarse.
«Desde el punto de vista de la toxicidad, los
edulcorantes no calóricos (ENC) son seguros durante cualquier etapa de la vida
incluyendo la niñez, respetando los límites de la ingesta diaria admitida»
asegura Susana Socolovsky, consultora técnica internacional en innovación
tecnológica de alimentos y regulaciones alimentarias de Argentina.
«En niños con condiciones que así lo requieran,
como puede ser la obesidad, síndrome metabólico o diabetes tipo 1 y 2, los ENC
pueden resultar una herramienta adicional a incluirse dentro de un plan de vida
saludable que integre una dieta balanceada y actividad física» finaliza. BP
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