Una comisión de especialistas hace un llamamiento en The Lancet para mejorar la atención y prevención de una de las principales
causas de sufrimiento y muerte prematura en el mundo. La OMS estima que el
5% de los adultos de todo el mundo sufre depresión cada año. Aunque se trata de
la principal causa mundial de discapacidad, los especialistas consideran que
sigue siendo una ‘crisis sanitaria desatendida’.
“El mundo no está abordando el persistente y cada vez más grave problema
global al que se enfrenta”, afirma la Comisión de la revista The Lancet y la Asociación Mundial de Psiquiatría sobre depresión, que pide
una respuesta de toda la sociedad -responsables políticos, investigadores,
profesionales de la salud y comunidad en general- para reducir la carga global
de esta enfermedad.
En los países de ingresos altos, cerca de la mitad de las personas que
sufren depresión no son diagnosticadas ni tratadas, y esta cifra se eleva al
80-90% en los países de ingresos bajos y medios. Además, la pandemia de
COVID-19 ha empeorado la situación con el aislamiento social, el duelo, la
incertidumbre y el acceso limitado a la atención sanitaria, que se ha cobrado
un grave precio en la salud mental de millones de personas.
“Si bien disponemos de conocimientos y herramientas
sobre cómo prevenir y atender la depresión incluso en los contextos con menos
recursos, sigue siendo una afección poco comprendida y la gran mayoría de las personas
afectadas sufren en silencio”, explicó Vikram Patel, copresidente de la
organización que trabaja en la Facultad de Medicina de la Universidad de
Harvard (Estados Unidos). La citada
Comisión, formada por 25 expertos de 11 países diferentes, hace un llamamiento
para que se mejore la atención y la prevención, y se aumente el conocimiento y
la concientización para hacer frente a una de las principales causas de
sufrimiento evitable y muerte prematura en todo el mundo.
“Las acciones propuestas incluyen el tratamiento de los
determinantes sociales de la depresión, en particular los que afectan a los
jóvenes; la ampliación de las intervenciones psicosociales por parte de los
proveedores de primera línea, como los trabajadores sanitarios de la comunidad;
y la participación de las personas con experiencia en investigación y
prestación de servicios”, añadió Patel.
“Invertir en la reducción de la carga de depresión dará
a millones de personas la oportunidad de convertirse en miembros más sanos,
felices y productivos de la sociedad, ayudará a fortalecer las economías
nacionales y promoverá los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones
Unidas para 2030”, apuntó la presidenta de la Comisión, Helen Herrman, del
Centro Nacional de Excelencia en Salud Mental en Jóvenes y la Universidad de
Melbourne (Australia).
Enfermedad
poco reconocida y comprendida
En la actualidad siguen existiendo muchos mitos en
torno a la depresión, como la idea errónea de que es ‘simplemente tristeza’, un
signo de debilidad o que se limita a ciertos grupos culturales. Los expertos
puntualizan que esta enfermedad se caracteriza por su persistencia, su efecto
en el funcionamiento diario y sus consecuencias para la salud a largo plazo.
“Puede afectar a cualquier persona, independientemente
de su sexo, procedencia, clase social o edad, y existe una variabilidad en los
tipos y la prevalencia de los síntomas y signos depresivos entre culturas y
poblaciones. El riesgo aumenta en contextos de adversidad, como pobreza,
violencia y discriminación de género, racial o de otro tipo”, indican desde la
Comisión.
La depresión está relacionada con una gran variedad de patologías
físicas crónicas, y la salud física de una persona puede influir en su salud
mental, y viceversa. En el peor de los casos, puede llevar al suicidio. Así,
los estudios muestran que entre el 70 y el 80% de las personas que mueren por
esta causa en los países de renta alta, y alrededor de la mitad en los países
de renta baja y media, padecen una enfermedad mental.
La patología también tiene un enorme coste social y económico para las
personas, las familias, las comunidades y los países. Incluso antes de la
pandemia de COVID-19, la pérdida de productividad económica vinculada a la
depresión costaba a la economía mundial un billón de dólares al año.
“Podría decirse que no hay ninguna otra enfermedad tan
común, grave, universal y tratable como la depresión, y sin embargo recibe poca
atención política y pocos recursos”, continuó Christian Kieling, copresidente
de la Comisión y profesor de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul
(Brasil).
“Los tratamientos psicosociales y médicos eficaces son
de difícil acceso, mientras que los elevados niveles de estigmatización siguen
impidiendo que muchas personas, incluida la elevada proporción de adolescentes
y jóvenes en riesgo o que ya la padecen, busquen la ayuda necesaria para tener
una vida sana y productiva”, añadió.
La
prevención es esencial
La Comisión subraya la necesidad de estrategias que
reduzcan la exposición a experiencias adversas tanto en la infancia como a lo
largo de la vida para reducir la prevalencia de la depresión. También es
necesario intervenir a escala individual, centrándose en el estilo de vida,
como tabaquismo, consumo de alcohol o inactividad física; y otros factores de
riesgo, como violencia en la pareja, duelos o crisis financieras.
“La prevención es el aspecto más descuidado de la
depresión. Esto se debe, en parte, a que la mayoría de las intervenciones están
fuera del sector sanitario”, apuntó Lakshmi Vijayakumar, miembro de la
delegación que trabaja en el Centro de Prevención del Suicidio y Servicios
Sanitarios Voluntarios de Chennai (India).
“Invertir en la prevención de la depresión tiene una
excelente relación calidad-precio. Es crucial que pongamos en práctica intervenciones
basadas en la evidencia que apoyen la crianza de los hijos, reduzcan la
violencia en la familia y el acoso escolar, y que promuevan la salud mental en
el trabajo y aborden la soledad en los adultos mayores”, insistió.
Enfoque
personalizado de la atención
Los expertos subrayan que la depresión es una
enfermedad compleja con una diversidad de signos y síntomas, niveles de
gravedad y duración que ocurre en todas las culturas y a lo largo de la vida.
Por ello, son partidarios de un enfoque personalizado que reconozca la
cronología y la intensidad de los síntomas y recomiende intervenciones
adaptadas a las necesidades específicas de la persona.
En última instancia, reclaman una mayor inversión
para garantizar que las personas reciban la atención donde y cuando la
necesiten, y recalcan la importancia de las acciones de todos los gobiernos
para reducir los efectos perjudiciales de la pobreza, la desigualdad de género
y otras discrepancias sociales en la salud mental.
“Abordar la emergencia climática, la pandemia y otras
emergencias mundiales y regionales que exacerban las desigualdades existentes y
las amenazas a la salud también deben ser partes vitales de los esfuerzos para
prevenir la depresión”, concluyó Herrman, primera autora del artículo
publicado. BP
No hay comentarios.:
Publicar un comentario