Abad
y obispo, 21 de Marzo
Elogio: En Valence, en la región de Vienne,
san Juan, obispo, que primero fue abad de Bonnevaux, y luego, elegido para la
sede episcopal, padeció muchas contrariedades en defensa de la justicia y ayudó
generosamente a los pobres y a los mercaderes arruinados.
País: Francia - †: c. 1145
San Juan
nació en Lyon. En su juventud, mientras era canónigo de la catedral de su
ciudad natal, hizo voto de ingresar en la abadía de Citeaux; pero luego,
desconfiando de sus fuerzas, y por parecerle la Regla impracticable, conmutó él
mismo el voto por una peregrinación a Santiago de Compostela. Sin embargo, tras
esta tuvo un sueño terrible: Nuestro Señor se le aparece, acompañado por San
Pedro y Santiago. El primero de los dos tenía en la mano un libro con los
nombres de los elegidos, y dijo en voz alta «Juan». Pero el Señor, airado, le
dijo a Pedro: «Borra ese nombre del libro de los elegidos, pues es un perjuro».
Santiago se arrojó entonces a los pies del Salvador, exclamando: «¡Te pido
gracia, Señor, por él, que es uno de mis más fervientes peregrinos... Es verdad
que Juan no ha sido fiel a su promesa, pero perdónalo; el miedo de tus amenazas
y el toque de tu misericordia, hará que cumpla su promesa de ingresar en el
Císter». Despertó lleno de espanto, e interpretando el sueño como una
comunicación divina, partió en medio de la noche a Citeaux, sin comunicarlo a
nadie.
Evidentemente
llegó a ser un monje ejemplar, porque tiempo después, en 1117, es enviado a
fundar la abadía de Bonnevaux, cerca de Vienne, en el Delfinado. En esa
fundación serán recibidos por él mismo monjes que fueron luego grandes obispos
o padres de nuevas fundaciones, como san Pedro de Tarantaise, san Amadeo de
Lausana, y varios más.
La
diócesis de Valence estaba desde hacía tiempo gobernada por un pastor del todo
indigno: Eustacio, cuyas extravagancias de vida, y dureza para con los pobres,
no eran propias de un obispo. San Bernardo le había escrito una dura carta, y
el propio papa lo había excomulgado, pero el obispo siguió aferrado a su sede
por seis años más, hasta que el pueblo tomó las riendas, y el día de Pascua del
1141, entró en casa del obispo y lo expulsó de la ciudad, tres días más tarde
san Juan fue propuesto por los abades de la región, y consagrado, a su entero
pesar, obispo de Valence.
Su
hagiógrafo anónimo resume en tres palabras su vida de pastor: dar gloria a
Dios, salvar su alma, cuidar su rebaño. Recibía insultos y pedradas de los
partidarios de Eustacio, pero respondía con indiferencia, y oraba pidiendo al
Señor que no les tuviera en cuenta ese pecado. Sus oficiales de justicia se
quejaban de su indulgencia con los condenados, pero les respondía que era
también un vicio ensañarse en la severidad con los delincuentes, como había
hecho sus predecesor, y que los propios jueces quizás no hubieran resistido la
tentación de haber estado en el lugar de los delincuentes. La bolsa parecía
multiplicarse sola a pesar de la gran largueza en ayudar a los pobres.
Murió el 21
de marzo de 1145. Su fecha de celebración en la diócesis de Valence y en la
tradición cúltica es el 26 de abril, aniversario de su consagración episcopal.
Fue sepultado en la catedral, y su tumba se convirtió en meta de peregrinación,
hasta que en 1562 la tumba y reliquias fueron profanadas por los hugonotes, y
ya no han quedado restos de ellas. Su culto fue confirmado en 1903.
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