De manera coloquial se utiliza la palabra ‘gordofobia’ para expresar una
forma de creencia, a veces inconsciente, que lleva a la discriminación y
menosprecio de las personas con sobrepeso. No es, en sí, un concepto
psicológico. Tiene que ver con entenderlas como personas inferiores, y no solo
desde el aspecto físico, ya que muchas veces se relaciona la gordura con ser
vago, tener falta de voluntad, ser glotón o estar limitados a la hora de decir
basta.
Realmente, éste es un tipo de discriminación bastante aceptado y
validado socialmente. La gordura es parte del humor popular: es posible
burlarse de un gordo, sin que otros lo vean como algo malo. De hecho, cuando
hay películas protagonizadas por gordos, suelen ser comedias, dónde la obesidad
es parte de la humorada.
De forma paradójica, tanto la obesidad como los trastornos de
alimentación (anorexia y bulimia), a los que favorecen en gran medida el ideal
estético de delgadez impuesto por la sociedad, se encuentran en aumento. Este
culto a la delgadez fue creciendo junto con los medios masivos de comunicación,
que instauraron la delgadez extrema como el ideal de belleza. Se puede ver en
modelos, actores, actrices y personas que se consideran exitosas.
Existe, hoy en día, una incongruencia, que se convierte en un doble
mensaje, del que se hace muy difícil salir. Por un lado, el culto a la delgadez
extrema como sinónimo de belleza y poder, por otro, la publicidad de una
sociedad consumista que muestra que hay felicidad en los chocolates, las
hamburguesas y las gaseosas.
En medio de esta paradoja muchas personas no se sienten feliz con su
cuerpo, y desde afuera muchos ven a las personas con sobrepeso como un ser en
desventaja que no puede ‘competir’ con el resto. Efectivamente, hay tantos
tabúes con el sobrepeso, que usar la palabra ‘gordo’ está mal visto, y se usan
cientos de eufemismos para hablar de la obesidad (rellenito, curvilínea,
robusto, rollizo).
Los gordofóbicos entienden al obeso como alguien inferior y que merece
ser maltratado, se lo relaciona con la falta de belleza y de posibilidades de
sentir placer. Este maltrato es muchas veces una proyección de sus propios
miedos e inseguridades. Entender al gordo como inferior, produce el temor de
llegar a serlo, por lo cual, para enfrentar esos miedos, el gordofóbico hostiga
y molesta a quien entiende como el reflejo de sus miedos.
Por ejemplo, en relación al bullying, un adolescente obeso es 1.5 más
tendiente a ser hostigado que otros adolescentes. De hecho, las estadísticas
indican que un 40% de los estudiantes sufre de acoso escolar y de estos un 60%
lo sufren a causa de la obesidad. Se lo ve también en relación al
ciberbullying, donde hay enorme cantidad de memes e imágenes que demuestran
este odio irracional.
Lo que sucede con los estudiantes es una representación de lo que la
sociedad enseña, el rechazo al obeso es llevado también al ambiente laboral, en
especial en el sexo femenino.
Varias investigaciones del tema demuestran que las mujeres son menos
aceptadas y con menos posibilidades de ascensos si son obesas que si son
delgadas.
La gordofobia es un arma de doble filo que afecta tanto a la víctima
como al victimario. Muchas veces este prejuicio produce en muchas personas un
cambio de su imagen corporal y de su conducta alimentaria, realizando dietas
restrictivas, sin tener en cuenta los factores nutricionales necesarios para
una vida sana. Eliminando completamente, por ejemplo, las grasas, que son
necesarias para un buen desarrollo del cerebro. Se cambió el concepto de ‘estar
sano’ por el de ‘verse bien’.
Cuando se piensa en problemas de alimentación, se cree muchas veces que
el problema está en la comida, cuando la comida es solo un síntoma de lo que
está enseñando una sociedad enferma, dónde el cuerpo también se convirtió en un
objeto de consumo. Esta sociedad que castiga al gordo, porque entiende que su
gordura es consecuencia de sus acciones, sin tener en cuenta sus sentimientos y
emociones.
Todo esto es aprendido y llevado de generación en generación, guiado por
mandatos sociales que marcan fuertemente a las personas, y llevan a muchos a
sentir que no encajan, entrando en la falsa idea del control, y de que, al
controlar la comida, se controla la propia vida.
Es por esto que es conveniente que socialmente se avance hacia nuevas
formas de pensar, entendiendo que no hay un modelo hegemónico de cuerpo, que no
es lo mismo ‘verse bien’ que ‘estar saludable’. Es importante desarrollar
empatía, y poder conectar con el otro. Tu cuerpo puede cambiar, tu valor como
ser humano no. FC
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