Presbítero y
Mártir, 16 de Mayo
Martirologio Romano: Frente a Rochefort, en la costa de Francia, beatos Nicolás Savouret,
de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, y Claudio Béguignot, cartujo,
presbíteros y mártires, que durante la Revolución Francesa, por odio al
sacerdocio, fueron encerrados en una nave convertida en cárcel, en la que
enfermaron y murieron (1794).
Etimológicamente: Claudio
= Aquel que camina con dificultad, es de origen latino.
Profesó en la cartuja de Bourgfontaine, el 15 de
agosto de 1760. Sabemos muy poco de su vida en la Cartuja; sin embargo, después
de la supresión de su Casa, rehusó prestar juramento y se escondió en la
Cartuja de Ruán como «huésped», o sea, como miembro de aquella Comunidad de la
que no era profeso, según consta en el Capítulo General de 1782. En 1791 se
dispersó esa Comunidad, siendo arrestado en la casa de un particular en abril
de 1793, y deportado el 6 de marzo del año siguiente en que le llevaron a Rochefort,
donde tras ser objeto de un cacheo fue embarcado en el buque «Les
Deux-Associés» (Los dos socios).
Más tarde, otro cartujo y compañero en la prueba,
llamado Labiche de Reignefort, ofreció de él el siguiente testimonio: «Este
santo religioso falleció en el gran hospital, durante mi permanencia en él.
Después de haber pasado santamente la mayor parte de su vida en la
contemplación y en la práctica de todas las virtudes propias del claustro, la
terminó aún más santamente en la profesión de la fe, en medio de las obras
penosas de su ministerio sacerdotal, como confesor. Casi todos los enfermos
acudían a él, aunque Don Claudio estuviera tan enfermo como ellos. Tantos
trabajos terminaron por enardecer su sangre. A esto se añadió el empeoramiento
de una llaga que se había hecho en una pierna, y en tal forma que le ocasionó
la muerte. Falleció como había vivido; con las señales de un verdadero
predestinado, en el mes de julio de 1794. Con solo ver a este hombre de Dios,
se sentía uno atraído por el amor a la penitencia. Llevaba la mortificación de
Jesucristo en todo su cuerpo. Nunca se hubiera uno cansado de oírle hablar de
Dios, tal era la unción con que lo hacía. . . Los rasgos de su rostro tenían
algo de parecido con los que los artistas acostumbran a representar a San José
Benito Labre. Esta es la razón por la que habíamos dado ese mismo nombre a este
gran siervo de Dios». Don Claudio de Beguignot falleció el 16 de julio de 1794,
a la edad de 58 años. Siendo sepultado en la isla de Aix.
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