Los
cristianos nos preocupamos mucho de que la Iglesia cuente con medios adecuados
para cumplir eficazmente su tarea: recursos económicos, poder social,
plataformas eficientes. Nos parece lo más normal. Sin embargo, cuando Jesús envía
a sus discípulos a prolongar su misión, no piensa en lo que deben llevar
consigo, sino precisamente en lo contrario: lo que no deben llevar.
El
estilo de vida que les propone es tan desafiante y provocativo que pronto las
generaciones cristianas lo suavizaron. ¿Qué hemos de hacer hoy con estas
palabras de Jesús?, ¿Borrarlas del evangelio?, ¿Olvidarlas para siempre?, ¿Tratar
de ser también hoy fieles a su espíritu?
Jesús
pide a sus discípulos que no tomen consigo dinero ni provisiones. El «mundo
nuevo» que él busca no se construye con dinero. Su proyecto no lo sacarán
adelante los ricos, sino gente sencilla que sepa vivir con pocas cosas porque
han descubierto lo esencial: el reino de Dios y su justicia.
No
llevarán siquiera zurrón, al estilo de los filósofos cínicos que llevaban
colgando del hombro una bolsa donde guardaban las limosnas para asegurarse su
futuro. La obsesión por la seguridad no es buena. Desde la tranquilidad del
bienestar no es fácil crear el reino de Dios como un espacio de vida digna para
todos.
Sus
seguidores irán descalzos, como las clases más oprimidas de Galilea. No
llevarán sandalias. Tampoco túnica de repuesto para protegerse del frío de la
noche. La gente los debe ver identificados con los últimos. Si se alejan de los
pobres, no podrán anunciar la Buena Noticia de Dios a los más necesitados.
Para
los seguidores de Jesús no es malo perder el poder, la seguridad y el prestigio
social que hemos tenido cuando la Iglesia lo dominaba todo. Puede ser una
bendición si nos conduce a una vida más fiel a Jesús. El poder no transforma
los corazones; la seguridad del bienestar nos aleja de los pobres; el prestigio
nos llena de nosotros mismos.
Jesús
imaginaba a sus seguidores de otra manera: liberados de ataduras, identificados
con los últimos, con la confianza puesta totalmente en Dios, curando a los que
sufren, buscando para todos la paz. Sólo así se introduce en el mundo su
proyecto. JAP
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