Los seres humanos somos muy dados a presumir a nuestros ancestros, algunos
quizá de rancio abolengo, como dirían en las novelas ‘de sangre azul’, otros de
sangre roja y de orígenes sencillos, pero, ciertamente, todos provenientes de
una misma pareja: Adán y Eva.
Sin embargo, es costumbre destacar a aquellos que han realizado hazañas o
hechos prominentes para la historia de la humanidad, por ello recordamos en las
efemérides, ciertas fechas que han marcado los acontecimientos del mundo y a
sus protagonistas. Algo que todos
deberíamos presumir es tener a nuestros abuelos, o bien, haberlos tenido, pues
son nuestras raíces, de ellos tenemos como herencia nuestros dones, talentos,
habilidades y hasta virtudes, las que fueron transmitidas a nuestros padres y
de ellos a nosotros. Dice la Sagrada Escritura: “Delante de las canas te
pondrás en pie; honrarás al anciano, y a tu Dios temerás”, (Levítico 19,32), porque con la edad llega la sabiduría, la
contemplación y la paciencia.
Pero también merma la salud y la fuerza. Es el orden natural de la vida.
Pero dentro de las tantas ventajas que tiene envejecer, podemos destacar que se
aprecia más la vida y lo que conlleva. Para los que fueron padres, los hijos ya
han crecido, formado sus propias familias y ahora les toca disfrutar a los
nietos. Por cierto, los
niños que crecen con sus abuelos cerca tienen una enorme probabilidad de ser
más felices, porque tienen amor al por mayor.
No hay cariño más dulce y noble que el de los abuelos. Hasta nuestro Señor
Jesucristo los tuvo: San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María. Por
eso, el 28 de agosto se ha convertido en una fecha importante, porque se
reconoce la vida y labor de nuestros adultos mayores: nuestros abuelos.
Colmemos de afecto y atenciones a los abuelos, a
los padres y adultos mayores en general, ellos son nuestro origen y honrarlos
es nuestro camino seguro al cielo. ¡Feliz día a todos los abuelitos! MM
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