El hecho
resulta fácil de constatar: somos seres vivos rodeados de otros muchos
vivientes. Hombres y animales, plantas y microbios: la vida se presenta ante
nosotros como un abanico de posibilidades sumamente variado y complejo. Para
ser más precisos, nosotros mismos somos vivientes que estamos en el mundo en
relación con las diferentes formas de vida. Cada ser humano se coloca ante sí
mismo y ante los otros seres vivos según perspectivas, valores, intereses y
proyectos personales. Detrás de cada preferencia se esconde un modo de verse a
sí mismo y de apreciar a los demás vivientes en cuanto interesantes o
peligrosos, útiles o dañinos, valiosos o indiferentes.
No resulta
fácil encuadrar todas las posibles opciones (sumamente variadas y ricas) en un
esquema claro y exhaustivo. En línea preliminar, notamos que las perspectivas
adoptadas ante la vida surgen desde las respuestas que cada uno da a preguntas
como las siguientes:
-¿Qué valor
tiene mi propia vida y la vida de los otros seres humanos?
-¿Existe alguna
diferencia entre hombres y animales?
-¿Tiene el
medio ambiente un valor superior al que tienen los seres humanos considerados
en sí mismos?
-¿Cuándo
inicia y cuándo termina una existencia humana?
-¿Es más
valiosa una vida humana sana que una vida humana enferma?
-¿Tienen algún
fundamento los derechos humanos o dependen de las visiones culturales y de la
historia?
-¿Vale por
igual cualquier comportamiento humano o se puede distinguir entre
comportamientos buenos y comportamientos malos, y según qué criterios?
-¿Existe un
sentido correcto de la medicina o vale por igual cualquier opción técnicamente
realizable?
-¿Qué
intervenciones médicas han de ser cubiertas con dinero público y cuáles
deberían ser pagadas por quienes las soliciten?
-¿Podemos
conocer normas y leyes éticas válidas para todos en lo que se refiere a la
tutela de la salud y de la misma existencia de los seres humanos y de otras
formas de vida?
-¿Existe un
Ser Superior, Dios, que fundamente y dé sentido a la existencia de los hombres
y de los demás seres vivos?
-¿Interviene
de algún modo ese Ser Superior en los asuntos humanos?
-¿El ser
humano surge de un acto especial de Dios o simplemente se explica como una
realidad producida por fuerzas ciegas según las leyes de la materia?
-¿Hay un destino
eterno del hombre o su existencia termina completamente con la muerte?
No se trata de
preguntas que permanecen en un ámbito abstracto y sin relación con la vida
concreta de la gente. Según las respuestas dadas a las mismas podemos encontrar
comportamientos individuales y sistemas sociales muy diferentes respecto de
temas como el aborto, la eutanasia, la seguridad en el trabajo, la protección
de parques naturales, etc.
Por lo que se
refiere a los comportamientos individuales, hay quien escoge fumar sin límites
a pesar de reconocer los riesgos de su comportamiento. Otro decide trabajar
como voluntario para salvar las focas de Alaska. Otro renuncia a formar una
familia para atender a los enfermos de SIDA en Sudáfrica. Otro se asocia a un
grupo ambientalista y busca boicotear las empresas que producen gases tóxicos.
Otro opta por practicar abortos en una clínica pública. Otro se une a un grupo
provida y dedica su tiempo para ayudar a las mujeres a llevar adelante el
embarazo en condiciones favorables para ellas y para sus hijos.
Por lo que se
refiere a las organizaciones comunitarias y a los sistemas de gobierno,
encontramos sociedades que han admitido (o siguen admitiendo) la esclavitud
porque consideran que hay seres humanos “superiores” y otros “inferiores”.
Otras sociedades legalizan el aborto porque suponen que los embriones no son
todavía seres humanos, o que lo son de segunda clase (sometidos en todo a las
decisiones que tomen sobre ellos su madre o quienes la presionan de algún
modo). Otros aceptan la eutanasia como una opción válida y establecen
protocolos más o menos precisos según los cuales se puede provocar la muerte de
quienes lo soliciten.
Si tenemos en
cuenta lo anterior, somos capaces de reconocer que el estudio de la bioética se
convierte en algo concreto y existencial. No se trata de hablar sobre temas que
interesan a un grupo selecto de estudiosos, sino que tocan la historia concreta
de todos los seres humanos y la misma marcha del planeta Tierra.
En el ámbito
universitario, profesores y alumnos de distintas carreras que también consiguen
estudiar (de algún modo) bioética, lo hacen desde su propia experiencia
personal, pues cada uno vive y actúa, escoge y orienta su conducta, influye en
las vidas de otros seres humanos (familiares, amigos, conocidos, incluso sobre
los lejanos en formas no siempre bien identificadas), desde los principios de
fondo que le llevan a respetar la vida ajena o a someterla a sus propios
intereses particulares. En otras palabras, cada opción particular y cada comportamiento,
arrancan desde algunos principios más o menos explícitos, así como desde ese
misterioso y variable mundo de los sentimientos y emociones que también ocupan
un lugar importante en la vida ética de las personas.
Desde luego,
la bioética tiene una dimensión teórica que no puede dejarse de lado. Los
desarrollos de la medicina y de la ciencia ponen ante nosotros un cúmulo de
nuevas situaciones y exigen respuestas que ayudan a identificar los criterios
según los cuales podemos aprobar o condenar (desde el punto de vista ético)
cada nueva técnica. La aprobación o la condena exige una justificación teórica,
que resulta difícil proponer de modo aceptable para muchos en un mundo
pluralista y ante perspectivas e intereses no siempre bien identificados, pero
que es posible elaborar gracias a la capacidad humana de analizar y de juzgar
los argumentos aducidos a favor o en contra de cada punto de vista.
Pero la teoría
no es algo que queda en un nivel abstracto, formal, intranscendente. Como decía
Kurt Lewin, “no hay nada más práctico que una buena teoría”. Desde un buen
estudio de la ética, y desde una clara y bien elaborada bioética, es posible
que tanto alumnos como profesores pongan en claro qué presupuestos dirigen sus
respectivos actos, cuáles merecen ser denunciados como incorrectos (por faltar
a la verdad, a la justicia, a valores básicos de una buena vida), cuáles son
buenos pero necesitan una adecuada justificación ante quienes no los comprenden
o se sienten incapaces de asumirlos en sus respectivas existencias.
Estas
reflexiones permiten encuadrar, al menos así lo esperamos, el sentido que puede
tener la enseñanza de la bioética no sólo en ámbitos como la medicina o el
derecho, sino en los currícula de otras carreras o estudios superiores. Ante la
urgencia de ofrecer una formación completa, integral, que supere el riesgo de
la especialización excesiva, la bioética en el mundo universitario ofrece una
importante apertura a aquellos principios y valores que acompañan la existencia
humana en todas las profesiones y estados de vida. FP
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