Afortunadamente,
han quedado muy atrás aquellos moralismos austeros de otros tiempos, con esa
exagerada exaltación del sacrificio y con desproporcionados sentimientos de
culpa. Ahora, sin embargo, habría que preguntarse: ¿es posible vivir rectamente
sin sacrificio y sin una adecuada noción de culpa?
Es verdad que,
habitualmente, la generosidad es preferible al egoísmo. Y que, al menos a largo
plazo, el camino de la virtud es más atractivo que el camino del vicio. Pero
esto no siempre aparece así de claro. Y es precisamente en esas situaciones, en
las que lo bueno se nos presenta rodeado de inconvenientes, y en cambio lo malo
aparece ante nosotros con un enorme atractivo, es entonces cuando la ética se
hace más necesaria. Y esa ética debe ofrecer razones para obrar en la
adversidad. Ahí está el punto débil de esa ética light que se niega a exigir el
suficiente nivel de sacrificio: que luego nos deja en la estacada precisamente
cuando más la necesitamos.
¿Quién no se
ha encontrado en el dilema de tener que elegir entre pasar por un pobre
escrupuloso o bien ceder ante el dinero fácil, la mujer del vecino o la
seducción de la mentira?
Se trata de situaciones que pueden presentarse a cualquiera, antes o después, con mayor o menor frecuencia. En esos momentos, la tentación siempre nos invita, sonriente, a superar prejuicios y estrecheces morales. Y será bien fácil que nos seduzca si el propio discurso moral se reduce a corrección, buena voluntad, decencia..., pero ni el más pequeño sacrificio.
Se trata de situaciones que pueden presentarse a cualquiera, antes o después, con mayor o menor frecuencia. En esos momentos, la tentación siempre nos invita, sonriente, a superar prejuicios y estrecheces morales. Y será bien fácil que nos seduzca si el propio discurso moral se reduce a corrección, buena voluntad, decencia..., pero ni el más pequeño sacrificio.
Sin embargo,
el sacrificio es el gran tema de la ética. Es una ingenuidad pensar que se
puede amar a alguien, repartir bienes escasos, respetar ideas distintas o
proteger el medio ambiente..., sin sacrificio. Toda existencia auténtica topa
en no pocas ocasiones con la contrariedad del bien arduo, pues no siempre
coincide lo bueno con lo que más va en nuestro provecho o nuestro interés.
—Estás describiendo la ética como algo muy cuesta
arriba...
Hay cuestas
arriba, pero efectivamente no quisiera teñir la virtud de un aspecto hosco o
antipático. La excelencia moral nunca debe perder su verdadero rostro, que es
siempre amable y liberador. Además, la virtud es un hábito bueno, y como tal,
facilita los actos buenos y permite una atenuación progresiva del esfuerzo. AA
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