Religioso y
Mártir, 18 de Agosto
Martirologio Romano: En territorio de la Arquidiócesis de Madrid, España, Beatos de la
Orden de los Carmelitas de la Antigua Observancia y del Instituto de los
Hermanos de las Escuelas Cristianas, asesinados por odio a la fe.
(1936-1937)
Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el
pontificado de S.S. Francisco.
Nació el 2 de agosto de 1918 en Pajares de la
Lampreana (Zamora) y le bautizaron como José Sánchez Rodríguez. Es difícil encontrar
un nombre más común en España. Al tomar el hábito carmelita asumió el nombre de
fray Ángel María. Se hizo fraile acompañando a dos amigos del pueblo, que
morirían junto a él, con 19 años. El carmelita Miguel M. Arribas, que murió en
2011, cuenta detalles de su biografía (P. Alberto Marco y compañeros mártires
carmelitas, Salamanca, 2013, pp. 89-92), recogidos en la revista Ecclesia.
Estaba un día en la puerta de su casa cuando vio
pasar a dos muchachos que iban a visitar a doña Lucila Sánchez -la vocacionista-,
a los que preguntó, de buenas a primeras: «¿Vais a casa de doña Lucila para
iros de frailes?». Al responderle afirmativamente, añadió: «Pues decidle que yo
también quiero ir». Y, pensándoselo mejor, se fue con ellos a decírselo
personalmente. A sus catorce años de edad ingresaba en el seminario menor de
Villarreal de los Infantes, el día 16 de enero de l932.
Buenas notas, hablaba bajo
Según sus profesores, era un talento
extraordinario. En todos los cursos sacaba «sobresalientes» y para él solía ser
la «matrícula de honor» del seminario. Dominaba de maravilla el latín,
asignatura de la que era profesor el famoso latinista carmelita P. José Plana,
también mártir, quien, caso raro en él, le dio un sobresaliente.
Tenía una sensibilidad exquisita y dones
excepcionales de espíritu. Cuando se le corregía en algo, a veces lloraba
compungido y, luego, iba al cuarto del superior a darle las gracias y a
decirle: «Perdone, padre, no volverá a suceder».
Tomó el hábito del Carmelo en septiembre de 1934 en
el noviciado de Onda. Caminaba siempre con recogimiento y las manos bajo el
escapulario del hábito. Era un joven que llamaba la atención por su honda
piedad. Su carácter era inalterable y hablaba siempre en voz baja. Cuando se le
buscaba por todo el convento sin resultado, se le hallaba siempre en la
capilla.
Entrenando las virtudes
Un compañero de curso señala que durante los años
de estudio se entrenaba con él en desafíos espirituales sobre el ejercicio de
las virtudes, aprovechando para ello las fiestas del Señor y de la Virgen
María. También tenían concertado acusarse mutuamente de los defectos más
notorios.
Durante un largo año estuvo sometido a la acción
del bisturí, sufriendo diversas operaciones quirúrgicas en la nariz, lo que
sufría con una entereza que dejaba extrañado al mismo doctor que le atendía.
No quiso quedarse en el hospital
Profesó en la Orden el 15 de septiembre de 1935.
Durante el año de Filosofía continuó en esa tesitura de vida espiritual y de
formación seria. Había terminado el primer curso cuando fue apresado en Onda
con toda la comunidad el 27 de julio de 1936. Llevado a Madrid con sus
compañeros, sufrió allí altas fiebres, tanto que apenas podía hablar, pero
cuando se le comunicó que sería trasladado a un hospital, no consintió separarse
ni un momento de sus compañeros y hermanos, queriendo correr la misma suerte
que ellos.
Enfermo como estaba, lo llevaron la noche del 18 de
agosto de 1936 a las tapias del cementerio de Carabanchel Bajo, donde fue
asesinado junto con todos sus hermanos de hábito. Tenía dieciocho años de edad.
Sus restos se hallan en el Santuario del Henar.
La miliciana que le descubrió
Fray Ángel fue fusilado dos veces. Quedó
mortalmente herido, pero, con el relente del amanecer, recobró vida y se
arrastró por entre los cadáveres de sus compañeros hasta la pared del
cementerio para recostarse en ella.
Al ver pasar por allí cerca a una mujer, le pidió
socorro, pero ella -una miliciana- fue a dar cuenta a la ‘casa del pueblo’. El
jefe de guardia y alguno más fueron a rematarlo en la postura que tenía,
sentado en el suelo y apoyado en la pared.
El novicio fray Ricardo Román oyó el relato al
miliciano y cómo este decía que era un fraile del que no sabía el nombre, pero
que era pequeño. Fray Ángel era el de más baja estatura del grupo de
religiosos.
Cabeza cortada, fotos macabras
Posteriormente, el citado novicio vio una
fotografía del grupo de los asesinados que rodeaban el cadáver del general
López Ochoa, que tenía la cabeza cortada y colocada entre sus piernas. Todos
los religiosos estaban en torno a este militar, excepto uno que se hallaba un
poco detrás y recostado en la pared. Era el cadáver de fray Ángel María,
asegura Ricardo Román.
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