Abad, 14 de
Febrero
Martirologio Romano: En el monte Scopa, Bitinia (actual Turquía), san Auxencio,
presbítero y archimandrita, el cual, aprovechando la cátedra que ocupaba,
defendió la fe de Calcedonia con la voz de sus virtudes (s. V).
Parece que Auxencio fue el hijo de una persona
llamada Addas. Pasó la mayor parte de su larga vida como ermitaño en Bitinia.
En su juventud, fue uno de los guardias ecuestres de Teodosio el Joven, pero
sus deberes militares, que cumplía con entera fidelidad, no le impedían hacer
del servicio de Dios su principal interés. Todo su tiempo libre lo pasaba en
soledad y oración, y frecuentemente visitaba a los santos reclusos que ocupaban
ermitas en los alrededores para pedirles albergue y poder pasar la noche con
ellos, haciendo ejercicios penitenciales y cantando alabanzas a Dios.
Finalmente, el deseo de una mayor perfección, o el temor de la vanagloria, lo
indujeron a adoptar la vida eremítica. Formó su albergue en la montaña desierta
de Oxia, a sólo doce kilómetros de Constantinopla, pero al otro lado del
Helesponto, en Bitinia. Allí parece ser que fue muy consultado y que ejerció
considerable influencia, debido a su fama de santidad.
Cuando se reunió en Calcedonia el cuarto Concilio
Ecuménico para condenar la herejía eutiquiana, Auxencio fue llamado por el
emperador Marciano, no como algunos de los biógrafos del santo sugieren, por su
gran sabiduría, sino porque se sospechaba de sus simpatías con la doctrina de
Eutiquio. Auxencio se justificó de la acusación que le hacían. Cuando estuvo de
nuevo en libertad, no regresó a Oxia, sino que eligió otra celda más cercana a
Calcedonia, en la montaña de Skopas. Allí permaneció, entregado a una vida de
gran austeridad, instruyendo a los discípulos que acudían a él, hasta su
muerte, que probablemente tuvo lugar el 14 de febrero del año 473.
El historiador Sozomeno escribió todavía en vida
del santo sobre la fe constante de Auxencio, así como sobre la pureza de su
vida y su intimidad con fervorosos ascetas. Entre los que buscaban dirigirse
por él, en sus últimos años, hubo algunas mujeres. Estas formaron una comunidad
y vivían juntas al pie del Monte Skopas. Se les conocía como las Trichinarae
«las del hábito de crin». Fueron ellas las que, después de una larga contienda,
lograron obtener la posesión de sus restos mortales, que guardaron como
reliquia en la iglesia de su convento.
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