Mártir, 10 de Febrero
Martirologio Romano: En Guadalajara, México, San José Sánchez del
Río, de catorce años, mártir, que murió apuñalado dando vivas a Cristo Rey y a
Santa María de Guadalupe, durante la Guerra Cristera († 1928).
Fecha de
beatificación: 20
de noviembre de 2005, por el Papa Benedicto XVI, como parte de un grupo formado
por él y otros 8 mártires mexicanos.
Fecha de
canonización: 16 de
octubre de 2016, por S.S. Francisco.
Mártir con catorce años.
Así se resume la vida de José Luis Sánchez del Río, quien fue beatificado junto
a otros mártires por disposición del Papa Benedicto XVI.
Nacido en Sahuayo,
Michoacán, el 28 de marzo de 1913, hijo de Macario Sánchez y de María del Río,
José Luis fue asesinado el 10 de febrero de 1928, durante la persecución
religiosa de México por pertenecer a «los cristeros», grupo numeroso de
católicos mexicanos levantados en contra la opresión del régimen de Plutarco
Elías Calles.
Un año antes de su
martirio, José Luis se había unido a las fuerzas «cristeras» del general
Prudencio Mendoza, enclavadas en el pueblo de Cotija, Michoacán.
El martirio fue
presenciado por dos niños, uno de siete años y el otro de nueve años, que
después se convertirían en fundadores de congregaciones religiosas. Uno de
ellos revela el papel decisivo que tendría para su vocación el testimonio de
José Luis, de quien era amigo.
«Fue capturado por las
fuerzas del gobierno, que quisieron dar a la población civil que apoyaba a los
cristeros un castigo ejemplar», recuerda el testigo que entonces tenía siete
años. «Le pidieron que renegara de su fe en Cristo, so pena de muerte. José no
aceptó la apostasía. Su madre estaba traspasada por la pena y la angustia, pero
animaba a su hijo», añade.
«Entonces le cortaron la
piel de las plantas de los pies y le obligaron a caminar por el pueblo, rumbo
al cementerio -recuerda-. Él lloraba y gemía de dolor, pero no cedía. De vez en
cuando se detenían y decían: “Si gritas ´Muera Cristo Rey´” te perdonamos la
vida. “Di ´Muera Cristo Rey´”. Pero él respondía: “Viva Cristo Rey”».
«Ya en el cementerio,
antes de disparar sobre él, le pidieron por última vez si quería renegar de su
fe. No lo hizo y lo mataron ahí mismo. Murió gritando como muchos otros
mártires mexicanos “¡Viva Cristo Rey!”».
«Estas son imágenes
imborrables de mi memoria y de la memoria del pueblo mexicano, aunque no se
hable muchas veces de ellas en la historia oficial».
El otro testigo de los
hechos fue el niño de nueve años Enrique Amezcua Medina, fundador de la Confraternidad
Sacerdotal de los Operarios del Reino de Cristo, con casas de formación tanto
en México como en España y presencia en varios países del mundo.
En la biografía de la
Confraternidad que él mismo fundara, el padre Amezcua narra su encuentro -que
siempre consideró providencial- con José Luis.
Según comenta en ese
testimonial, haberse cruzado con el niño mártir de Sahuayo -a quien le pidió
seguirlo en su camino, pero que, viéndolo tan pequeño le dijo: «Tú harás cosas
que yo no podré llegar a hacer»-, determinó su entrada al sacerdocio.
Más tarde, al seminario
de formación de los Operarios en Salvatierra, Guanajuato lo bautizó como
Seminario de Cristo Rey y su internado se llamó «José Luis», en honor a la
memoria de este santo mexicano.
Los restos mortales de
José Luis descansan en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en su pueblo
natal.
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