Lo crucificaron.
El mundo está lleno de iglesias cristianas presididas por la imagen del
Crucificado y está lleno también de personas que sufren, crucificadas por la desgracia,
las injusticias y el olvido: enfermos privados de cuidado, mujeres maltratadas,
ancianos ignorados, niños y niñas violados, emigrantes sin papeles ni futuro. Y
gente, mucha gente hundida en el hambre y la miseria.
Es difícil imaginar un símbolo más cargado de esperanza que esa cruz
plantada por los cristianos en todas partes: «memoria» conmovedora de un Dios
crucificado y recuerdo permanente de su identificación con todos los inocentes
que sufren de manera injusta en nuestro mundo.
Esa cruz, levantada entre nuestras cruces, nos recuerda que Dios sufre
con nosotros. A Dios le duele el hambre de los niños de Calcuta, sufre con los
asesinados y torturados de Irak, llora con las mujeres maltratadas día a día en
su hogar. No sabemos explicarnos la raíz última de tanto mal. Y, aunque lo
supiéramos, no nos serviría de mucho. Sólo sabemos que Dios sufre con nosotros
y esto lo cambia todo.
Pero los símbolos más sublimes pueden quedar pervertidos si no sabemos
redescubrir una y otra vez su verdadero contenido. ¿Qué significa la imagen del
Crucificado, tan presente entre nosotros, si no sabemos ver marcados en su
rostro el sufrimiento, la soledad, el dolor, la tortura y desolación de tantos
hijos e hijas de Dios?
¿Qué sentido tiene llevar una cruz sobre nuestro pecho, si no sabemos
cargar con la más pequeña cruz de tantas personas que sufren junto a nosotros?
¿Qué significan nuestros besos al Crucificado, si no despiertan en nosotros el
cariño, la acogida y el acercamiento a quienes viven crucificados?
El Crucificado desenmascara como nadie nuestras mentiras y cobardías.
Desde el silencio de la cruz, Él es el juez más firme y manso del
aburguesamiento de nuestra fe, de nuestra acomodación al bienestar y nuestra
indiferencia ante los crucificados. Para adorar el misterio de un «Dios
crucificado», no basta celebrar la semana santa; es necesario, además,
acercamos un poco más a los crucificados, semana tras semana.
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