Hace ya mucho tiempo un anciano pidió en un aviso que lo adopten. Está solo y ofrecía 500 euros por mes a la familia que
lo reciba en su hogar.
Desde que se murió su mujer, hace ya 12 años, los días de Giorgio
Angelozzi, un italiano de 79 años, eran largos y tristes. Pasaban semanas en
las que no hablaba con nadie y sobre todo él, que había dedicado toda su vida a
enseñar: rodeado de jóvenes, se sentía solo e inútil.
Su hija, médica en zonas de guerra, sólo le podía dedicar de vez en
cuando unos minutos de teléfono, desde algún recóndito país donde ejercía su
humanitaria labor.
Hasta que una mañana se le ocurrió la idea de poner un anuncio en el diario,
como esos en los que se busca pareja o trabajo, pero esta vez lo que pedía
Angelozzi era una familia que lo adoptara, que lo dejaran vivir acompañado, que
lo dejaran hacer de abuelo. El aviso decía:
Anciano, jubilado, autosuficiente, ex-profesor, aportaría 500 euros mensuales
al presupuesto doméstico de una familia que lo adoptara como abuelo. Podría
servir para hijos, nietos y en especial estudiantes.
Como por arte de magia, en aquel teléfono que no sonaba nunca empezaron
a llegar decenas de llamadas. Mas de cien familias de todas partes de Italia
respondieron al anuncio, no se sabe si movidas por el aporte económico, si por
la ayuda extraescolar que el abuelo daría a sus hijos o simplemente conmovidos
por el llamamiento de un abuelo que lo único que quería ser es el hacer de
abuelo.
Muchas de las familias que lo llamaron,
manifestaron necesitar de un abuelo. Prometió reunirse con todas las familias
que llamaron y que se interesaron en tenerlo con ellos, pues tiempo es lo que
le sobra.
Su caso es un ejemplo de una tendencia creciente en Italia, donde cada
vez más ancianos viven solos, a pesar de la importancia que la institución
familiar sigue teniendo en la península. Eso
ocurrió en la vieja Europa, en un país de gran tradición y arraigo en eso de
ser abuelo. Pero podría haber ocurrido aquí, en nuestro país, a la vuelta de la
esquina, por así decir. No se puede
ignorar de dónde se viene, no se puede dejar de tener presente lo que otros han
vivido, lo que otros han sido, lo que otros nos han dejado. Somos, lo que otros fueron, lo que otros hicieron.
El hombre es el único animal creado que tiene memoria, que puede
documentar el pasado, que puede contarnos lo vivido. Y en eso los que más lo saben hacer son los abuelos.
No los dejemos solos, dejemos que puedan seguir
haciendo de abuelos.
¡Qué difícil convivir con el abuelo! ¡Qué
difícil hacer de abuelo! ¡Qué difícil ser
abuelo!, en el mundo de hoy. SC
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