Los ejemplos
que emplea Jesús son muy diferentes, pero su enseñanza es la misma: el que
emprende un proyecto importante de manera temeraria, sin examinar antes si tiene
medios y fuerzas para lograr lo que pretende, corre el riesgo de terminar
fracasando.
“Ningún labrador se pone a construir una torre
para proteger sus viñas, sin tomarse antes un tiempo para calcular si podrá
concluirla con éxito, no sea que la obra quede inacabada, provocando las burlas
de los vecinos. Ningún rey se decide a entrar en combate con un adversario
poderoso, sin antes analizar si aquella batalla puede terminar en victoria o
será un suicidio”.
A primera
vista, puede parecer que Jesús está invitando a un comportamiento prudente y
precavido, muy alejado de la audacia con que habla de ordinario a los suyos.
Nada más lejos de la realidad. La misión que quiere encomendar a los suyos es
tan importante que nadie ha de comprometerse en ella de forma inconsciente,
temeraria o presuntuosa.
Su advertencia
cobra gran actualidad en estos momentos críticos y decisivos para el futuro de
nuestra fe. Jesús llama, antes que nada, a la reflexión madura: los dos
protagonistas de las parábolas «se sientan» a reflexionar. Sería una grave
irresponsabilidad vivir hoy como discípulos de Jesús, que no saben lo que
quieren, ni a dónde pretenden llegar, ni con qué medios han de trabajar.
¿Cuándo nos
vamos a sentar para aunar fuerzas, reflexionar juntos y buscar entre todos el
camino que hemos de seguir? ¿No necesitamos dedicar más tiempo, más escucha del
evangelio y más meditación para descubrir llamadas, despertar carismas y
cultivar un estilo renovado de seguimiento a Jesús?
Jesús llama
también al realismo. Estamos viviendo un cambio sociocultural sin precedentes.
¿Es posible contagiar la fe en este mundo nuevo que está naciendo, sin
conocerlo bien y sin comprenderlo desde dentro? ¿Es posible facilitar el acceso
al Evangelio ignorando el pensamiento, los sentimientos y el lenguaje de los
hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿No es un error responder a los retos de
hoy con estrategias de ayer?
Sería una
temeridad en estos momentos actuar de manera inconsciente y ciega. Nos
expondríamos al fracaso, la frustración y hasta el ridículo. Según la parábola,
la ‘torre inacabada’ no hace sino provocar las burlas de la gente hacia su
constructor. No hemos de olvidar el lenguaje realista y humilde de Jesús que
invita a sus discípulos a ser ‘fermento’ en medio del pueblo o puñado de ‘sal’
que pone sabor nuevo a la vida de la gente. JAP
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