11 de
Abril: Día Mundial de la Enfermedad de Parkinson
El
Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente luego de la
patología de Alzheimer. Se estima que para el año 2030 su prevalencia se
duplicará afectando a unos 9 millones de personas en el mundo, por lo que su
conocimiento y tratamiento continúan incrementándose. En la actualidad no se
cuentan con medicaciones que permitan retrasar o curar la enfermedad, pero se
está expandiendo el uso de nuevas formulaciones que permitan disminuir los
efectos adversos y dar mayor estabilidad al paciente. Asimismo, se incorporan
otras terapias no farmacológicas para reforzar a los medicamentos, con el propósito
de ser más eficaces en el control de los síntomas de la enfermedad.
Para
problemas de difícil manejo como los trastornos de la marcha y el equilibrio, y
las discinesias (movimientos) asociados a los tratamientos por vía oral, se
está planteando el uso de la tecnología, con el fin de evaluar cada perfil del
paciente y poder instaurar la mejor medida de manejo de sus complicaciones,
permitiendo así individualizar con mayor precisión la terapia (tanto farmacológica
como no farmacológica).
«La
sofisticación, proliferación y accesibilidad a la tecnología ha permitido
conocer detalles de la enfermedad que antes eran difíciles de evaluar
facilitando el diagnóstico temprano, la diferenciación de subgrupos de
pacientes y la identificación de pacientes candidatos a terapias génicas. Estas
últimas intentan proveer de genes que puedan reemplazar a aquellos afectados o
cuya función se encuentre afectada», aportan los Dres. Martín Cesarini y
Gustavo Da Prat, neurólogos del área de Movimientos Anormales de INEBA.
Los especialistas relatan que en aquellos pacientes en etapas más avanzadas hoy
la medicina cuenta con numerosos fármacos e incluso estimulación cerebral
profunda -con diferente grado de evidencia- que permiten retrasar y mejorar las
fluctuaciones motoras que acontecen en esta afección. No obstante ello, nuevas
terapias se continúan explorando.
«Se
pueden destacar la posibilidad de nuevas formulaciones y formas de liberación
de levodopa (formulaciones de liberación extendida, transdérmica, inhalada,
intra-jejunal, etc). Otras estrategias incluyen fármacos que disminuyen la
degradación de la dopamina por bloqueo de las enzimas que la degradan
(inhibidores de COMT e I-MAO B) y otras nuevas drogas se encuentran en ensayo
(formulaciones diferentes de apomorfina, prodrogas)», explica la Dra. Emilia
Gatto, Jefa del Departamento de Enfermedades de Parkinson y Trastornos del
Movimiento de INEBA.
A
su vez, se están estudiando pequeñas moléculas que tienen como objetivo
modificar la enfermedad pero aún no hay fármacos curativos y también existen
terapias no farmacológicas para mejorar los síntomas motores de la enfermedad,
como la terapia génica. En cuanto a los nuevos métodos quirúrgicos, actualmente
se plantean nuevas estrategias de manejo para la estimulación cerebral
profunda, conocidas como estimulación adaptativa (adaptative Deep Brain
Stimulation).
Las
mismas podrían ser de utilidad en pacientes con y sin respuesta a los agentes
farmacológicos convencionales. No obstante, la indicación quirúrgica debería
ser abordada de manera multidisciplinaria con una correcta selección de
pacientes.
Parkinson y
cannabis
Múltiples artículos han hecho hincapié en el uso de
ciertas moléculas de la planta de cannabis en las patologías
neurodegenerativas. No obstante a ello, aún no hay evidencia científica que
avale su uso en la Enfermedad de Parkinson dado que no se conocen sus sitios de
acción, perfil farmacológico y -más importante aún- los posible efectos
adversos asociados.
«Hay aún dudas significativas acerca del impacto
negativo que el uso prolongado de cannabinoides podría ocasionar, no solo en
las funciones motoras, sino -y principalmente- en los aspectos cognitivos y
conductuales del paciente», concluye la especialista.
Enfermedad
de Parkinson y alimentación: el rol de las proteínas
Además de los síntomas motores, el Parkinson
contempla otros que impactan significativamente en la calidad de vida de los
pacientes, como depresión, ortostatismo (caída de la presión arterial
sanguínea), constipación, salivación, pesadillas, alucinaciones, somnolencia e
insomnio.
«La patología puede afectar el estado nutricional
del paciente ya sea a nivel motor, emocional, sensitivo o del ciclo (on-off)
por eso un correcto abordaje nutricional basado en una distribución adecuada de
proteínas de origen animal y aquellas de origen vegetal que contengan valores
altos de proteína (para que no inhiban la absorción de levodopa) puede ayudar a
potenciar el tratamiento farmacológico y mantener el bienestar del paciente»,
comenta la Lic. Teresa Cóccaro, nutricionista del instituto.
Tanto en el desayuno como en el almuerzo se
recomienda que la suma de los mismos no supere los 10 a 12 gramos de proteínas,
ya que de esta manera mejora la absorción de la levodopa; siendo que a partir
de la tarde, en la merienda, y luego en la cena la persona puede consumir mayor
cantidad de proteínas.
La ingesta estará adecuada a cada paciente en
particular haciendo hincapié en:
·
Evaluar la ingesta antes de la enfermedad y cómo es
al momento de la enfermedad,
·
Aporte correcto de macro y micronutrientes según
haya pérdida o aumento de peso,
·
Dentro de los micronutrientes, la vitamina D
estaría asociada a retraso o prevención de la depresión o demencia en
enfermedades neurodegenerativas,
·
Facilitar autonomía alimentaria (movilidad;
masticación; deglución). Además si es necesario se adaptarán también los
utensilios utilizados (plato, cubiertos y lugar de ingesta),
·
Adaptar la alimentación dependiendo el momento
evolutivo de la enfermedad permitirá que el paciente continúe con su autonomía,
·
Evitar la constipación a través de una alimentación
rica en fibra,
·
Actividad física o de estiramiento según
prescripción médica. BP
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