Los antiinflamatorios no
esteroideos (AINE), como el ibuprofeno o la aspirina, son algunos de los
medicamentos más comunes utilizados para aliviar todo tipo de dolor,
especialmente los articulares provocados por artrosis, pero resulta que pueden
ser 'muy tóxicos para el riñón y el sistema cardiovascular' en pacientes con
patología renal e hipertensión arterial, o en pacientes frágiles, básicamente
personas mayores.
Así lo advirtió el Dr. Fernando
Simal, vocal de Nefrología Clínica de la Junta Directiva de la Sociedad
Española de Nefrología (S.E.N.) tras destacar que en España hay más de 4
millones personas con algún problema de insuficiencia renal, y cada año unos
6.000 pacientes avanzan en el deterioro de su enfermedad hasta necesitar
tratamiento renal sustitutivo: hemodiálisis, diálisis peritoneal o trasplante
renal.
El problema es que se trata de una
patología que muchas veces se encuentra oculta, que las personas no saben que
la padecen y con el aumento de edad de la población nos encontramos con una
altísima prevalencia entre la población mayor. Y este aumento entre la
población mayor viene asociado a la mayor frecuencia de ciertas enfermedades
como la diabetes, la hipertensión arterial u otras complicaciones como la
obesidad.
«Es una patología preocupante
porque ofrece un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Además,
todos los problemas cardíacos y hepáticos influyen en la insuficiencia renal»,
explicó.
Según la S.E.N, en la población
mayor de 65 años su frecuencia se puede incrementar hasta un 25 %. En España,
la prevalencia de la enfermedad renal supone un 23% en pacientes mayores de 64
años, y el 40% en mayores de 80 años.
Hasta que no está muy avanzada no
da síntomas: tobillos o piernas hinchadas, a veces se orina poco, la tensión
está mal, y lo más típico son picores por el cuerpo porque la urea que se
acumula en sangre se elimina por el sudor y deja como un depósito, como una
escarcha en la piel que produce picores. Y ya en un estadio muy avanzado la
urea tan alta también produce ganas de vomitar y si avanza más, se entra en un
estado de coma y el paciente puede fallecer por un coma urémico, que es una
muerte dulce comparada con otras, porque se queda como dormido.
Antiinflamatorios
Volviendo a los Antiinflamatorios
no Esteroideos (AINE), el especialista explicó que pueden ser tóxicos en el
riñón de dos maneras, una porque producen una lesión crónica en las estructuras
del riñón y otra porque inhiben la producción de algunas sustancias que
intervienen en el mecanismo del dolor, como las prostaglandinas.
Pero estas sustancias también
intervienen en mantener un adecuado flujo de sangre a través del riñón, y si se
disminuye su efecto, se dificulta el riego a este órgano alterando finalmente
el funcionamiento del mismo. Hay que tener en cuenta, refiere, que el riñón es
un órgano muy sensible. El 20% de la sangre que sale del corazón va al riñón, y
es un órgano que no tiene mucha capacidad de regulación.
«Por ejemplo si se pierde 2 litros
de sangre igual no te mareas, pero el riñón lo sufre rápido, ya que es muy
sensible a las pérdidas de volumen de sangre, y entonces rápidamente empieza a
funcionar mal», dijo.
Hay países como Nueva Zelanda y
Australia, donde la principal causa de insuficiencia renal y diálisis es el
alto consumo de antiinflamatorios no esteroides.
También el director médico de la
Fundación Renal Iñigo Álvarez de Toledo, el Dr. Roberto Martín, especialista en
nefrología, coincide en señalar que estos medicamentos son 'veneno' para los
enfermos que tienen algún grado de insuficiencia renal o para los enfermos frágiles,
básicamente personas mayores.
La regla general que todos conocen
porque han oído mil veces es no automedicarse, pero es muy fácil decirlo y muy
difícil cumplirlo, sostiene este especialista que recuerda que antaño el fallo
renal llevaba a la muerte, pero ahora los trasplantes y la diálisis permiten a
los pacientes vivir muchos años.
Según la S.E.N, a nivel mundial,
la enfermedad renal constituye una epidemia que afecta al 10% de la población,
y con una fuerte conexión con la diabetes y la enfermedad cardiovascular: el
50% de los pacientes con estas patologías sufre también enfermedad renal
crónica. Asimismo, se estima que alrededor del 25% de los pacientes afectados
ignoran su patología en las fases iniciales de desarrollo, lo que hace más
complicado el tratamiento de la enfermedad, impacta negativamente en la calidad
de vida del paciente e incrementa sus costes. De acuerdo con la misma fuente,
el coste medio por paciente del Tratamiento Renal Sustitutivo es 6 veces
superior al del tratamiento VIH y 24 veces superior a la EPOC y el asma. BP
Gracias Doctor Baravalle por Los Preciados Documentos, Espirituales y Sobre la Salud Corporal, DTB Y DNB Extendido a Familias Todas, con Respeto y Gratitud, Abrazos, Bernardo.
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