Sacerdote y
mártir, 04 de Septiembre
Martirologio Romano: En diversos lugares de Murcia, España, Beato Antonio (en el siglo
Miguel Faúndez López), sacerdote profeso de la Orden de los Hermanos Menores y
tres compañeros, asesinados por odio a la fe (1936).
Fecha de Beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el
pontificado de S.S. Francisco.
Nació en Llano de Brujas el 1 de Julio de 1895,
segundo de siete hermanos. Sus padres José y Encarnación educaron a sus hijos
en la piedad y vida cristiana dando ejemplo de Amor a Dios y al prójimo.
Bautizado el día 2, Visitación de la Virgen, en la Iglesia de Nuestra Señora de
Las Lágrimas. Confirmado por el Sr. Obispo de Cartagena Tomás Bryan y
Livermore.
Estudió en el Seminario de Murcia, ordenado sacerdote el 14 de Junio de 1919 fue nombrado Administrador del Seminario San José, de La Verdad y Consiliario de la Confederación Católica Agraria, fundada en Murcia secundando los deseos de la Iglesia en el campo social. Ecónomo de San Bartolomé desde el año 1931. Su celo sacerdotal por la instrucción religiosa de sus feligreses le llevó a cuidar la homilía y los Círculos de Estudio con jóvenes siendo su Parroquia de las primeras donde se implantó y organizó la incipiente Acción Católica.
Estudió en el Seminario de Murcia, ordenado sacerdote el 14 de Junio de 1919 fue nombrado Administrador del Seminario San José, de La Verdad y Consiliario de la Confederación Católica Agraria, fundada en Murcia secundando los deseos de la Iglesia en el campo social. Ecónomo de San Bartolomé desde el año 1931. Su celo sacerdotal por la instrucción religiosa de sus feligreses le llevó a cuidar la homilía y los Círculos de Estudio con jóvenes siendo su Parroquia de las primeras donde se implantó y organizó la incipiente Acción Católica.
Socorría a los pobres al igual que procuraba que
las mujeres de mala vida volvieran a la honradez y vida cristiana. Muy penitente
de seminarista y de sacerdote usaba cilicios para mortificar su cuerpo.
Sacerdote de gran vida interior, en unos Ejercicios Espirituales, pidió a Dios
la gracia del martirio. Llevado de este anhelo de perfección, ingresó muy joven
en la Tercera Orden de San Francisco, cuyo cordón llevaba siempre ceñido
interiormente a la cintura. Pulcro y cuidadoso de presentarse de un modo decoroso
y digno del sacerdote.
Cuando fueron a incendiar el edificio de La Verdad,
se mostró fiel a su deber no queriendo abandonar su puesto. Al ser quemada la
puerta de San Lorenzo, temió por la de San Bartolomé y se quedó en vela toda la
noche con algunos jóvenes de Acción Católica. Decía: Lo que sea de la Iglesia
será de mí.
La noche del 3 al 4 de Septiembre, hombres armados
fueron a casa de sus padres, en Llano de Brujas y, habiéndose llevado
previamente a dos de sus hermanos, José y Fulgencio, volvieron por él. Al
proponerle que renegara de su condición de sacerdote dijo: Eso jamás. Mi Fe y
mi vocación valen más que mi vida. Entre blasfemias e injurias le llevaron a la
muerte según la orden dada de matarle a él y al religioso franciscano Fray
Buenaventura Muñoz Martínez O.F.M. Soltaron a José pero a Fulgencio no.
Instigados a que dijeran que eran fascistas, D.
Pedro contestó: Nosotros de fascistas nada; a mí, si me queréis matar como
sacerdote pero a este hermano mío os pido que lo dejéis para que cuide de mi
madre anciana, que necesita de él. Dispararon contra los tres pero Fulgencio no
murió siendo testigo de excepción de todo lo que aconteció.
A D. Pedro lo mataron por ser sacerdote. Aceptó la
muerte como un testimonio de amor a Cristo y de perseverancia en su fe como lo
había pedido en los Ejercicios Espirituales. Había dicho a sus amigos: Buscar
yo la muerte no; pero si nos la dan, ¡Qué mejor dicha!
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