Es importante conocer esta afección ya que su diagnóstico precoz y tratamiento permite un
buen desarrollo y disminuyen significativamente las complicaciones.
¿En qué
consiste esta afección?
La dislocación congénita de cadera es una patología
observable en el bebé que se
caracteriza por una anormal articulación de la cadera. En esta malformación
la cabeza del fémur del bebé no encaja en la articulación. Si esta falta de
acople es muy pronunciada puede conllevar una importante discapacidad.
La mayor o
menor afección depende del tipo de alteración que sufra el hueso. Esa
puede ser en su tamaño, forma, orientación u organización. El daño también
puede situarse en la parte receptora (acetábulo de la cadera) de esta parte del
fémur. Cuando la dislocación es completa no hay contacto directo entre la
cabeza femoral y el acetábulo.
La dislocación congénita de cadera es una afección relativamente frecuente ya que uno
de cada 1.000 bebés la padece. En los casos subclínicos, muy leves,
donde se puede apreciar una ligera inestabilidad de la cadera, encontramos a
uno de cada tres recién nacidos.
¿Cuáles son
los factores predisponentes?
Es más común que el bebé afectado sea de sexo femenino. Otros factores que
hacen más probable la dislocación congénita de cadera son el parto de nalgas, antecedentes familiares
(ocurre entre 12-13% de las veces), que sea el bebé primogénito y los oligohidramnios (es decir, un volumen
deficiente de líquido amniótico siendo esta una condición asociada a más
complicaciones). Estos factores sirven para que el médico preste incluso más atención durante los exámenes realizados
al recién nacido. Al tratarse de un continuo de mayor a menor gravedad a
veces su detección es complicada.
¿Cuáles son
las señales o síntomas en el recién nacido?
El bebé que nace con dislocación congénita de
cadera o displasia congénita presentará una notable inestabilidad en la cadera, desigualdad en la longitud de sus
piernas y, por ello, asimetría en los típicos pliegues que tienen los
bebés en los muslos.
Cuando no es detectada en el momento de nacimiento
puede que pasen años hasta que se perciben las anomalías ya sea en las
revisiones pediátricas como por parte de los padres. Son características de la
dislocación anormalidades en la marcha
cuando rompen a caminar, ya sea con cojera o marcha solo apoyando la punta del
pie, y limitación en los movimientos de
la cadera, sobre todo hacia afuera.
También es frecuente en niños mayores que se
produzca una curvatura anormal de la
columna vertebral, secundaria al intento de compensación ante la
problemática.
¿Qué supone
esta patología?
Como comentábamos al inicio del artículo es
fundamental que la dislocación se detecte de forma temprana. Estamos hablando
de una patología que afecta al bebé por lo que, como todo lo que se presenta en
esta etapa, será determinante para su
buen desarrollo y crecimiento. Si no se trata de forma conveniente la
displasia afectará al movimiento normal
de las caderas. La alteración de esta articulación fundamental conllevará
irremediablemente la afectación de la marcha y ello llevará a fuertes dolores a medida que el niño
crezca y precise de una movilidad que tiene mermada.
¿Cuál es el
tratamiento para dislocación congénita de cadera?
El principal factor a
tener en cuenta para el tratamiento es la edad del niño. Cuanto más pequeño sea el bebé mejor porque menos afectado estará su
desarrollo y mejor se adaptará a cualquier cambio en la posición de la cadera.
El segundo aspecto importante de cara al
tratamiento es la gravedad del caso.
Cuando la displasia es muy leve, lejos de ser una dislocación congénita de
cadera, puede que no necesite tratamiento y se recupere la alteración en pocas
semanas. Esta decisión la tomará el médico correspondiente y será supervisada
por este.
En caso de necesitar tratamiento lo más común es el uso del arnés de Pavlik.
Es el método aplicado para los bebés y niños más pequeños y suficiente en la
mayoría de los casos. Consiste en varias correas suaves que hacen que el niño
permanezca en posición de rana.
Esta posición tan particular permite que la cadera
se desarrolle con normalidad. La limitación horaria y temporal del aparato la
determinará el médico que haya asignado este tratamiento.
Una opción más agresiva y que solo es necesaria en 1 de cada 20 casos
donde el arnés no es suficiente es la
cirugía. Como cualquier operación es necesaria la administración de
anestesia la cual implica unos riesgos por lo que solo se propone cuando es necesario.
Hay dos
opciones de cirugía en función de la edad del niño:
1.
Cuando es menor de año y
medio se practica una reducción cerrada. Consiste en colocar de forma manual la cabeza
del fémur en la cavidad de la cadera que le corresponde.
2.
Cuando el bebé tiene más
de año y medio se realiza una reducción abierta. En esta ocasión se necesita realizar una
realineación completa por lo que el tejido muscular circundante a la zona
problemática se coloca en la posición óptima. Como es comprensible necesita un
mayor tiempo de recuperación. AFR
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