10 de septiembre - El suicidio es definido por la Organización
Mundial de la Salud (OMS 2010)
como ‘el acto deliberado de quitarse la vida’, y señala que ‘es un acto de
violencia, el cual genera para los individuos, las familias, las comunidades y
los países, graves consecuencias, tanto a corto como a largo plazo, provocando
efectos perjudiciales en los servicios de atención de salud’.
El suicidio es el acto por el que una persona de
forma deliberada se provoca la muerte. Por lo general es consecuencia de la
desesperación derivada o atribuible a una enfermedad física, una enfermedad
mental -como la depresión, el trastorno bipolar, la esquizofrenia o el
trastorno límite de la personalidad- el alcoholismo o el abuso de sustancias.
Sin embargo, el
factor de riesgo individual más importante es el antecedente de un intento de
suicidio no consumado, aunque muchas veces influyen otros como las
dificultades financieras, los problemas en las relaciones interpersonales o el
acoso psicológico.
A qué
indicadores prestar atención
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el mundo se suicidan por año un millón de personas, es
decir que se registra una tasa de 16 por 100 mil. El número aumenta
considerablemente en adolescentes y jóvenes y es un acto que se da más en
hombres que en mujeres. El suicidio es una de las tres primeras causas de
defunción en el grupo de personas de entre 15 y 44 años y es la segunda causa
de fallecimientos en el grupo de niños y jóvenes de entre 10 y 24 años.
En Argentina, de acuerdo a las últimas cifras del Ministerio de Salud de la Nación, el
suicidio tiene una tasa del 7.2 por 100.000 habitantes. La cifra supera la de
muerte por homicidios, que actualmente es de 5.2.
“Algunos indicadores que pueden dar las personas
que atraviesan una situación de riesgo es la retracción de los vínculos
sociales, el aislamiento y también la irritabilidad con los más cercanos como
familiares y amigos. A su vez, las alteraciones en el ciclo del sueño -dormir
durante el día y estar despierto por la noche- y la anhedonia o pérdida del
deseo, son también signos de alarma a los que debemos prestarle atención. Lo
mismo cuando hay reiteradas alusiones a la muerte, amenazas de suicidio o
sentimientos de angustia y desesperanza”, explica el Dr. Horacio Vommaro,
médico psiquiatra y Director de Psiquiatría
y Salud Mental de INEBA. Es importante evaluar la red vincular, comenzando
por la familia y los vínculos significativos. En los intentos o suicidios de
menores hay que considerar el sentimiento de desvalimiento, de des-auxilio, de
des-ayuda correspondiente a sentir que el otro del cual dependen los cuidados
básicos no responde al llamado.
Cómo
prevenirlo
En la prevención del suicidio hay que tener en
cuenta la modalidad clínica con la que se presenta. En ningún caso hay que
banalizar el intento suicida, ya que el 20% de las personas que lo intenta una
vez, vuelve a realizarlo al cabo de un año y el 50%, luego de cinco.
“Es muy importante pedir ayuda lo más tempranamente
posible y recurrir a una consulta con un profesional a pesar de la reticencia
que se expresa frecuentemente. A su vez, los familiares y amigos deben
acompañar con cariño y paciencia, contener y no exigir a la persona que salga
de ese estado de manera repentina”, comenta el Dr. Vommaro. BP
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